La idea se le ocurrió a ella. Puri ya era una cuarentona, pero seguía contando con una figura grácil y la alegría en los ojos. ¿Por qué desperdiciar esa alegría?
¿Qué haremos en la vejez? Estrella no volvería a operarse para embellecerse. La juventud terminaba, quedaba la experiencia, la mente
. Y esa mente llevaba mucho tiempo planeando el final. No el final de sus proyectos intelectuales y hasta mesiánicos, tan ambiciosos, y que aceptaba que habían fracasado, sino su final personal. Una buena vejez, larga, entretenida y hasta valiosa. Su juventud no había sido mala, aunque muy extravagante. Quería una vejez buena. Otra forma de vida, por supuesto, pero igualmente plena. Tenía dinero para financiarlo.
Fueron largas conversaciones de verano y otoño. Sí, a Puri, mujer casada y feliz, le interesaba. Sí.
Estrella hizo la oferta y Puri aceptó las condiciones, eso demostró confianza. Por primera vez iban a emprender algo juntas en lo que no solo iban a participar por igual, sino en la que, más bien, Puri iba a tener el protagonismo. La administración del dinero, la escritura de libros, la predicación ideológica, el cuidado de la madre no contaban.
El plan era tener una hija. La condición era que se tratara de una chica. Eso podía hacerse en Estados Unidos, en centros especializados. Con dinero. Necesitaban semen, ya que por desgracia las técnicas para obtener esperma femenino (esperma manipulado con ADN de mujer) no se habían desarrollado aún. El donante sería el novio de Sofía, quién si no. Aunque lo vieron un poco aprensivo, no podía negarse, puesto que económicamente dependía de ellas. Y Sofía tendría una sobrina que sería hija biológica de su novio
Un buen entramado de parentesco
.
Lo mejor hubiera sido que Estrella obtuviera la semilla de su hermano o algún sobrino, de modo que la carga genética fuese también en parte suya. Pero no había esperanzas de obtener colaboración por ese lado. Ni se lo planteó. El novio de Sofía estaba bien. Sobre todo porque, al fin y al cabo, Sofía, por sus razones, no quería tener hijos (ni su novio tampoco, ya puestos...).
Viajaron en enero a una clínica en Florida. Permanecieron allí tres semanas, hasta que se confirmó que el embrión había arraigado. Fueron unos días agradables en los que se alojaron en una urbanización muy bien vigilada por equipos de seguridad privada armados hasta los dientes. Era un bungalow muy tipo años cincuenta y el barrio suponía una especie de laberinto por el que era imposible moverse sin un plano. La clínica no estaba lejos y aunque no tenían mucho contacto con los vecinos, por lo visto entre ellos vivía también el personal médico.
Estrella le comentaba a Puri la oferta que le había hecho Marcus en 1987 de quedarse a vivir en Florida (incluso le recomendaba Pensacola, un topónimo que a Puri siempre le hacía reír). Allí se pagaban menos impuestos, el clima era como en España (más o menos) y podía traerse a su madre, ya que había gente que hablaba español por todas partes.
Fue entonces cuando surgió la idea de que se acercara un día a American City a visitar al anciano Marcus, algo que él ya hacía tiempo que le había solicitado. A Puri le pareció bien quedarse sola por un día (American City no estaba tan lejos). No le interesó conocer a aquel viejo.
Durante muchos años a partir de su tercer matrimonio (con la virgen filipina) no supo nada de Marcus, pero volvió a tener noticias de él hacía no demasiado tiempo. Le mandó un email. Dijo que había estado buscando su nombre en Internet (la antigua dirección en Torremolinos ya era inhábil) y encontró la foto de su boda, en 2005.
Ahora, al volver a verse, ya habían pasado más de veinte años desde su último encuentro (primavera de 1989: divorcio en Las Vegas). El activo cincuentón se había convertido en un octogenario debilitado y de movimientos lentos, pero aún no decrépito. Y la sonrisa con la que la recibió pareció sincera. Él seguía viviendo en el lujoso ático donde ella pasó su reclusión como "esposa comprada", pero se vieron en un restaurante del centro para comer. Él le preguntó si recordaba el lugar, ella dijo que no, aunque no se sorprendió cuando él le dijo que allí habían ido muchas veces juntos (ella pensó que más que un lugar con recuerdos íntimos debía de haber sido uno de los locales de alto nivel en la ciudad adonde acudía a comidas y cenas de negocios, aprovechando para exhibir a su bella, joven y educada esposa; se había aburrido bastante en tales ocasiones, pero, bueno... formaba parte de su trabajo).
Hacía poco que él se había retirado de casi todos los negocios. De la filipina había tenido dos hijos varones. El mayor era un desastre, pero el pequeño, que estudiaba en una importante universidad, sí parecía que iba a hacerse un hombre de provecho. Al cerrar su empresa, Marcus había logrado reunir un buen capital y, como todavía tenía la cabeza bien, lo gestionaba obteniendo una rentabilidad suficiente. Para cuando su hijo acabara los estudios, ya vería a qué se dedicaba. Desde luego no al viejo asunto de los materiales de construcción. Quizá a la gestión de aseguradoras inmobiliarias.
"¿Ha sido bueno tu tercer matrimonio?", le preguntó ella. Marcus se lo pensó y dijo que sí, y Stella, considerando que ella había participado un poco en la selección del espécimen, se sintió aliviada al oírlo. La mujer filipina, sin embargo, ni le proporcionó mucho placer ni mucho menos amor. Le dio hijos, compañía, fidelidad y amistad conyugal. El mayor inconveniente fue que él tuvo que ayudar a toda su asiática familia, traerlos poco a poco a Estados Unidos y "colocarlos". No, no abusaron, aseguró, e incluso añadió que entre ellos había gente agradable, pero... él solo recordaba haber sido feliz con Stella, su española. "Eras tan hermosa, tan dulce...", recordaba el viejo. Ahora tenía ante sí a una elegante mujer madura con sus mismos ojos. La mujer madura del presente tenía edad para ser la madre de aquella muchacha del pasado.
Le dijo que se sentía aliviado de que tras el divorcio no hubiera sido de ningún hombre. Mejor lesbiana que de cualquier otro, desde luego. Sabía que había escrito un libro en inglés (con la profesora Sarah), pero no le había interesado leerlo. Eso eran cosas de mujeres.
"Has sido feliz", concluyó él mirándola, con lo que parecía una empatía generosa. Ella le contó a lo que había venido a Florida. "Genial", dijo él. También había buscado un consuelo para la vejez. ¿No era egoísta aquello de hacer venir al mundo seres humanos para ser usados como posible fuente futura de amor incondicional? Evidentemente.
En un par de horas, no les quedó ya mucho de lo que hablar. Él se reía de su acento, casi del todo británico ahora. Le recordó momentos, ocasiones. Cuando la llevaba para exhibirla. Aquello lo hacía feliz. ¿Esa preciosidad es tu esposa? Todos se quedaban admirados. Parecía una actriz francesa, su vocabulario y su dicción eran exquisitos, era educada, culta, contenida e incluso humilde. Una esposa comprada, sí, pero de la mejor calidad.
Se despidieron con cariño, sin precisar si volverían a verse. Él se empeñó no solo en pagar la comida, sino también en pagarle los gastos del desplazamiento desde Florida. Ella aceptó que tenía sentido que él pagara. Le gustó que fuera así. Siempre le gustó que él fuera así: era tacaño en muchas cosas, pero nunca para perjudicar a otros más allá del juego de los negocios. Calculó rápidamente lo que habría costado el avión y el taxi desde el aeropuerto. Soltó billetes con naturalidad. Ella los tomó con naturalidad. No era lo mismo, pero también era tomar dinero de un hombre que había gozado de su cuerpo...
Aquel encuentro dio unos cuantos días de conversación con Puri, y, después, con el embrión ya germinando su nueva vida en el queridísimo vientre, ellas volaron de vuelta a España.
Nadie había visto que hicieron trampa, pero Estrella no se quedó tranquila hasta que un mes más tarde se confirmó en la clínica de Málaga que lo que venía era una chica. Eligieron que se llamase Sofía, con la aquiescencia de la cuñada. El novio estaba un poco asustado por la responsabilidad genética que implicaba la operación, pero, al fin y al cabo, esta vinculación hereditaria suponía también una seguridad económica para él: las dos hermanas se querían mucho, lo que alejaba cualquier posibilidad de conflicto, y había dinero de sobra. Sofía y su novio, curiosamente, no se habían casado, aunque decidieron hacerlo ahora cuando consideraron que podía proporcionarles alguna ventaja legal. Iban a tener una sobrina.
El embarazo fue entretenido, una buena forma de darse amor. Se tomaron todas las angustias del trastorno como lo que eran: afecciones psicosomáticas transitorias. Estrella llevaba tiempo sospechando que Puri tenía dentro de sí un mundo oculto donde la desconfianza se hacía notar. Había tardado mucho su "señora" en declararle su amor en cierto modo exclusivo, un amor que había llegado finalmente por descarte, y la revelación -que sin duda Puri juzgaría cruel- de que la escritora se había equivocado al no luchar por el amor de Angie había supuesto una confirmación de sus peores temores. Sin embargo, nada pasó. ¿Sería un triunfo suyo?
La boda estuvo bien. El embarazo estuvo mejor: Puri disponía de seguridad, pero puesto que su amada era un "ser espiritual", un ser lleno de profundidades intelectuales y sensitivas, siempre quedaría esa desconfianza y recelo. Sí, la tenía segura, pero no por los méritos propios de Puri. No se había ganado su amor, se lo habían concedido. Y la sutileza espiritual de Estrella llegaba hasta el punto de reclamar la humildad a los seres humildes. Puri se sentía confusa de que se le exigiera ser humilde. No la educaron para eso. La educaron, como a todo el mundo, para tener amor propio. Que su amada le hablase del valor de la humildad, de la entrega, de la aceptación de las limitaciones en el sacrificio del amor le sonaba muy profundo, terriblemente profundo. Pero no la habían educado para eso.
A los pobres no se les educa para ser humildes. Estrella decía que si se hiciese así, no tardarían mucho en dejar de ser pobres. Puri prefería no pensar en esas cosas. Solo en que amaba a un ser excepcional y que éste ser ya no se lo iba a disputar nadie. Ahí quedaba la cosa, y ahora iba a ser madre.
Para Puri no había duda del sentido que tendría aquella vida que iba a llegar al mundo: era el triunfo en su historia de amor. Quizá doble triunfo, al no haber sido suya la idea, sino de la disputada Estrella.
Estrella, por su parte, había aprendido algo acerca de las cosas que le convenía callar, después de una vida de indiscreciones. A su regreso de ver al viejo Marcus, no le comentó nada de la reflexión del sentido de "traer más vidas al mundo". Cada vez era más antinatural la reproducción de tal fenómeno. No era ningún misterio por qué Estrella había llegado al mundo. Su madre estaba a punto de quedar solterona cuando un pobre camarero, un vecino, de apariencia bondadosa y un par de años más joven, le aseguró haberse enamorado de ella. Ya no era solterona, ya era mujer casada y, por tanto tenía que ser madre. En cuanto al pobre camarero, ahora que tenía mujer, ahora que se hacía hombre, y su masculinidad -probada primero en el servicio militar, en los burdeles de la tropa- había de confirmarse públicamente dejando embarazada a la mujer, su personalidad inocua cambió muy pronto. Lo que siguió fue un desastre, pero aseguraba la reproducción, cumplía los requisitos familiares, era lo correcto y esperado. Así surgió Estrella.
En el mundo de Estrella y Puri, sin embargo, las cosas ya no eran así. Pocas de sus amigas eran madres. Hanna lo había hecho para celebrar su amor, como una especie de sacrificio sagrado. Así podía surgir un bebé de vez en cuando, pero con tales excepciones apenas podría asegurarse la reproducción de la raza blanca.
Venir al mundo... para darse cuenta de que se está destinado a morir... Igual las generaciones futuras interpretaban tal cosa como una crueldad. Quizá lo mejor era no reproducirse más. El silencio. La muerte sin agonía.
En Internet había leído una alternativa: una humanidad futura, motivada por un amor compasivo de dimensiones grandiosas, podía desarrollar una supertecnología capaz de resucitar a todos los seres vivos. Entonces sí se podría decir que el surgimiento de la vida consciente, allá por el Pleistoceno, no fue un error. Solo entonces.
Una humanidad futura sin obstáculos antisociales -sin maldad, sin ignorancia, sin violencia, ¿sin varones?- podía dedicarse a la investigación científica a gran escala. Un planeta poblado por diez mil millones de aplicadas monjitas científicas, todas ateas y lesbianas. Seguro que fabricarían mecanismos e instrumentos más grandes y costosos que el acelerador de partículas o la cueva esa donde detectan los neutrinos. Construirían un supercomputador tan avanzado intelectualmente al ser humano que sería como Dios, sobre todo cuando le proporcionaran acceso a fuentes de energía equivalentes al poder de las estrellas. Con semejante supermente, de qué no serían capaces aquellos ángeles del futuro. Primero, la vida eterna, después, la resurrección... finalmente, la fusión de todas las inteligencias conscientes del universo en una masa espiritual cósmica a lo Arthur C Clarke.
¿Por qué no escribía esa historia? Incluso tenía una amiga bien versada en las tecnologías modernas -Hanna- que podía asesorarla.
Podía dedicarse a ello cuando viviera en Londres y escribiera y pensara en inglés todos los días. Sería tonto escribir una historia semejante en español...
Porque sus planes privados eran instalarse en Londres, el cercano Londres. A un salto de vuelo "low cost" desde la Costa del Sol...
El parto llegó en octubre.
Durante todo aquel tiempo hicieron planes. Los planes fueron aceptados. En el año 2017 la niña cumpliría tres años y Estrella, cincuenta y cinco. Entonces abandonarían España. La niña y sus madres vivirían en Londres. ¿Dónde, exactamente? Tenían tres años para decidirlo: sería un lugar con baja criminalidad, alto nivel de vida y, a ser posible, con familias lésbicas con hijos en las cercanías. Comprar una casa en Londres era caro. Pero allí vivían Li y Laurie. Y podrían ir y venir a Málaga cuando quisieran, igual que cualquier otro guiri. Sería bueno para el negocio inmobiliario, ya que la mayoría de sus inquilinos eran británicos de todas formas. Tratarían de realizar gestiones directas desde allí y sacar unas libras más. En cuanto al dinero, todo iba a ser poco viviendo en una ciudad tan cara.
El Londres con el que había soñado... Cuando era una adolescente tonta, hubiera preferido irse a Londres de "au pair" en lugar de estudiar en la universidad (¡qué horrible fue aquel fracaso!). Y cuando era puta en Madrid, soñaba con irse a vivir a Londres para siempre. Con el cuento primero de ir a aprender inglés (con sus ingresos seguros, que calculaba entonces que serían como el sueldo mensual de una maestra... pero sin tener que trabajar nunca en la vida...), pero sobre todo para acostarse con chicas lesbianas y quedarse allí a vivir para siempre... Quizá hubiera sido una vida mejor que la que tuvo en "Villa Orchard"... Pero siempre que pensaba en esas cosas... en fin, tampoco le había ido tan mal...
Estrella se sometería a su última operación. Se cortaría el pelo, sí, y haría musculación. Y se amputaría los pechos, incluidas las dos pelotitas de silicona que le habían metido, aquel pequeño lujo frívolo.
A Puri le gustaba que estuviera tan decidida. En cuanto a dinero,
de una forma u otra tendrían siempre de diez mil a veinte mil euros o libras al mes limpios para gastar. Con eso podían vivir bien las tres. Podrían tener dos o tres automóviles y emplear a alguna sirvienta mexicana o filipina de vez en cuando. Y un perro, si la niña lo pedía. Vagamente, pensaban que podrían adoptar otra niña, para que la princesita tuviese una amiga -hermana- con la que jugar. China, africana o algo de eso.
En Internet un día vio un dibujo coloreado que mostraba dos chicas lesbianas besándose. Un dibujo así estaría bien en el dormitorio de la niña. O, mejor aún, podía buscar una chica dibujante que desarrollara un comic de amor para chicas. Que llamara la atención de las niñas. Había personajes parecidos, de cierto aire lésbico, que gustaban mucho. Ella podía escribir el argumento y el guión de un comic lésbico para niñas. Algo que fuera "encantador". Chicas que se abrazan, se toman de las manos, se besan, se miran con ojos dulces y enamorados. Con colores alegres, líneas elegantes... Ella encontraría un argumento, sí. Y lo más difícil sería, quizá, encontrar una buena dibujante. Con dinero la encontraría, sí.
Podía hacer muchas cosas. En Londres, ¿por qué no? La ciudad de Peter Pan y Mary Poppins. Iría a por las niñas. Cuando ella fue niña... No lo supo. Otras llegarían a saberlo. En Londres hablaría de ello. Haría muchas cosas allí.
Solo la hermana de Estrella pareció apesadumbrada por estos proyectos. Podía irse a vivir con ellas, pero en Málaga la hermana contaba con amistades, relaciones que Estrella veía como leves e inocuas, de forma semejante a como su hermana misma aparentaba ser. Además, incluso tenerla en la misma casa en Londres iba a ser demasiado complicado. Prefería distanciarse un poco de ella. Al fin y al cabo, podía volar allí de vez en cuando. Lo que quedaba claro es que la hermana no tendría los privilegios de la madre, no iba a condicionar la vida de Estrella.
Sobre la educación, las teorías de Puri eran convencionales. Las teorías de Estrella eran, como podía esperarse, extravagantes: la niña sería mimada en la medida en que demostrase ser lo suficientemente inteligente para comprender la naturaleza del amor. Según ciertos libros que había leído (y en lo que a lecturas se refería, la cosa no había hecho más que empezar), los niños muestran su personalidad a los tres años. A esa edad, por tanto, se dictaminaría si la niña merecía o no una vida de mimos y amor absolutos que, a juicio de Estrella, era la única forma de vida que valía la pena.
Estrella pensaba que Puri pensaba que ella misma era mimada al precio de negarle el amor propio, pero, en conjunto, el trato que recibía era justo, puesto que no podía esperar ser amada por su esposa de otra forma. Puri tenía que ser feliz.
Al traer una nueva vida al mundo era inevitable plantearse la cuestión de la responsabilidad. Desde el momento en que ella dejó de llevar una vida convencional, desde el momento en que tuvo que elegir por sí misma, sin que nadie le exigiera nada, se había introducido en el terreno de las cargas éticas de valor universal, a lo Kant. Convertirse en prostituta de lujo era algo que tuvo que hacer para sobrevivir y no verse condenada a una vida inane de mujer fracasada de clase baja. Aspirar a la excelencia intelectual en sus condiciones era la única salida después, como justificación ante el mundo real de las personas de alto nivel espiritual. No siempre le dio resultado, pero en conjunto estaba satisfecha. ¿Cómo justificar el nacimiento de la pequeña Sofía? Había nacido fuera del curso natural de la vida. Había surgido con un propósito. En conjunto, la venida al mundo de aquel ser iba a estar muy
justificada. Vendría para servir, por supuesto, su llegada no sería una
consecuencia irreflexiva de las costumbres. Pero tampoco obedecería a
ninguna causa superior a la voluntad del matrimonio. Aunque no lo decía,
se sentía vagamente turbada por el sentimiento de que compraba una hija
como quien compraba un perro, un coche o una casa. Era exactamente así.
Pero haría feliz a mucha gente. Sería útil, aunque no necesaria. Tendría que elaborar una buena historia para cuando tuviese diez, doce años y empezara a hacer preguntas.
Porque Estrella confiaba en que ella también fuese "de alto nivel espiritual". Estaba dispuesta a conformarse con que no lo fuera, con que la combinación de genes y ambiente diera como resultado una cabeza hueca o incluso un ser horrible, como la hija de Paula, aquella niña, hija de prostituta, resentida, astuta y destructiva. Pero haría lo posible porque fuera un ángel.
Alto nivel espiritual... Ya cuando era una adolescente (ignorante, torpe, virgen y heterosexual) sospechaba que había personas que alcanzaban un entorno especial de virtud, que no eran vulgares. Por supuesto, de tal cosa no debía hablarse, pues suponía algo ofensivo para los otros. Vagamente, entendía que estos seres superiores eran personas buenas, sensatas y cultas, que leían libros. Hoy, con lo que sabía de ciencias sociales, habría dicho que eran personas benevolentes, racionales y curiosas. Personas sencillas como la tía Reme y la misma Puri eran personas incultas, nada sofisticadas. Pero eran curiosas, comprensivas y con sentido del humor. Estrella nunca le insistió a Puri a que leyera libros.
Ahora pensaba que el truco consiste en empatizar y ser autoconsciente. Una persona que no se juzga a sí misma no es tan persona como el que sí lo hace. Esas cosas llevaban a una vida mejor para uno mismo y para quienes le rodean. La vida en la sororidad exigiría un constante juego de espejos. Tantos tipos de amistad, de amor, de dependencia, de trivialidades compartidas. Hace falta mucha benevolencia, mucho altruismo y mucha calidez cotidiana para hacer funcionar un entorno así. Ahora lo intentaría con la pequeña Sofía. Le enseñaría a intentar imaginarse cómo la veían los demás, la incitaría a amar a todo el mundo. Le daría, por supuesto, una "base segura" de amor, pero también un mundo seguro exterior. Le enseñaría a ser una santa o un ángel. No caería en la trampa de hacer girar todo en torno a "la felicidad". Se puede ser feliz de muchas maneras, pero ella querría que fuera feliz de una forma en particular.
La incitaría a preguntar por qué había sido llevada al mundo. Recibiría la respuesta de que son posibles muchas maravillas, y la mayor de todas es que la humanidad entera puede formar una fuente firme de conocimiento, voluntad y fuerza. Y se lo diría con alegría, con juegos, con placeres. Le desdramatizaría el placer. Le haría ver que fuera del amor que iba a construir en torno a ella, solo había oscuridad y frío. Lo que llegara de fuera se iba a incorporar a lo de dentro. Un día lo de dentro conquistaría el mundo.
En esa vida de amor plural, Puri sería el centro, la madre. Pero Estrella quería ser maravillosa. Era solo cuestión de organizarse. Se organizó para fascinar a los hombres inteligentes, cultos y poderosos que acudieron a ella. Y para ser lesbiana. Y para crearse una "misión en la vida". Y para crear "Villa Orchard".
¿La veían los demás de otra forma?, ¿no era para los otros la persona que creía ser? Recordaba haber cometido muchas torpezas, pero su esposa, su hermana y pronto su hija tenían que conocerla ya. Ella hablaba mucho. Hacía muchas cosas. ¿Cómo no iban a conocerla? Nada es más importante que darse a conocer a los seres amados.
Analizaba: en su adolescencia se había equivocado por completo porque se había considerado igual, prácticamente igual, a los demás (¡incluso a los varones!). Lo de su fracaso en los estudios encubría algo más profundo: estaba llena de carencias. Era muy cobarde, muy manipulable, muy torpe -"escasa de habilidades sociales"-, ofendía sin darse cuenta, despertaba amor donde menos lo esperaba, era incomprendida.
Tenía momentos de torpeza. Fallos en el mecanismo. Recordaba períodos de pasividad, de fracaso, cuando nada lo justificaba. Recordaba algunos días en que no había salido del dormitorio, cuando fuera todo el mundo se le ofrecía. Por ejemplo, su larga estancia en Frankfurt, un año. Sí, viajó mucho desde allí, pero de repente se sentía atrapada por la amenaza de sus carencias. Algún malentendido, algunas situación frustrante o ridícula (el ridículo era lo peor), la había empujado a quedarse encerrada. Solía compartir piso con otras chicas, no especialmente íntimas. Una cama grande, más lujosa de lo habitual entre las chicas feministas. Y ahí se quedaba, sin salir. Tenía su cochazo. Tenía su libreta llena de direcciones de mujeres que la encontraban, cuando menos, físicamente atractiva. Tenía dinero para ir a cualquier parte. Se quedaba echada en la cama. Se masturbaba (cuando parecía tan fácil conseguir una chica que le hiciera el favor...) y pensaba "qué bien estoy", "qué bien vivo", "lo he conseguido"... pero sin disfrutar de tales pensamientos tranquilizadores, sino más bien despreciando su triunfo consistente solo en haber escapado de la soledad y la miseria. Y ella misma se daba a la soledad y la miseria. Ahora pensaba que ella había estado destinada a la soledad y la miseria. Que era solo un golpe de suerte que su dinero, su atractivo físico y el lesbianismo le hubieran permitido, de alguna forma, hacerse popular. Su popularidad era en cierto modo falsa. Eso lo notaba cuando despertaba el rechazo de quienes, en teoría, lejos de rechazarla debían desearla. Miles de mujeres lesbianas querían hacerle el amor. Muchísimas chicas pobres apreciaban su prodigalidad al pagar meriendas y cenas, al invitarlas de vacaciones a la costa española. Había leído muchos libros, podía contar anécdotas increíbles, muchas creían que se iba a convertir en una escritora famosa (tenía "personalidad de artista")... Y se quedaba en la cama, avergonzada, dejando pasar los días. Se masturbaba. Recordaba los momentos buenos. Debería haber tenido más momentos buenos. Y le pesaban los malos. Las humillaciones que vivió con los hombres. El rechazo de ciertas mujeres, demasiadas mujeres. La pena de su madre. El estigma.
Sabía dar amor, era culta y educada, y, por encima de todo, era "buena": desconocía el rencor, no disfrutaba haciendo el mal a sus enemigos, era generosa, tenía imaginación. Esas cualidades, unidas a su belleza y a su falta de prejuicios, le habían permitido ganar dinero y ganar amigas. ¿Por qué había pasado por esos momentos que casi se diría que fueron "de depresión"? ¿Le dolía el mundo? Una vez conoció a un tipo que admiraba mucho a Tolstoi, y le comentó que para muchos era inexplicable su angustia existencial justo cuando estaba en la cumbre de su fama y de su fortuna. Era un profesorcillo que había encontrado en una de las "presentaciones" de libros. Hablaba de ese enigma relacionado con Tolstoi y el otro de por qué jamás Tolstoi y Dostoievsky se atrevieron a conocerse. Hablaba con entusiasmo de ese enigma depresivo de las "grandes almas", pero otro intelectual sentado junto a ellos, que bebía algo de un vaso con gesto viril alardeó de escéptico: "esos problemas tienen que ver tan solo con la neuroquímica del cerebro, con Prozac se arregla".
Quizá esos instantes de fracaso no significaban, en efecto, nada de nada. Aún sospechaba que tenía razón, que era una profetisa adelantada a su tiempo. La antipatía que había despertado en las feministas lesbianas le parecía exagerada. Esa antipatía era irracional, nacía del miedo ante lo que intuitivamente se reconoce como nuevo y acertado. Incluso la profesora Sarah se mostraba sospechosamente poco entusiasta. Estrella estaba segura de que era factible sacar adelante un movimiento social lésbico combativo, informado por la ciencia -la "plasticidad erótica"- que convencería a millones de mujeres que podían elegir una forma mejor de amar y de vivir. Que una cosa es que de vez en cuando algunas mujeres tengan el deseo animal de verse poseídas por el macho -con eso hasta se podía ganar dinero- y otra muy distinta es construir un entorno de afecto, comprensión y ternura entre mujeres, seres más pacíficos y humanamente sensibles que los machos. Incluso muchos gays podían salvarse: sí, bueno, soy gay, y de vez en cuando me gusta que un macho me dé por el culo... pero también soy un ser humano que desea empatía, bondad y confianza... también quiero el mundo de la mujer... Pero todo eso había acabado ya: seguiría manteniendo alguna actividad por Internet, contestaría el correo y eso sería todo. Lo que quedaba, que lo hicieran las jóvenes. Podía ensoñarse pensando en que fue una adelantada a su tiempo...
Otro de sus rasgos buenos era su falta de ambición, correspondiente a su falta de amor propio -puta sin estudios-. Aceptaba las cosas como venían. Aceptaba las derrotas. Al fin y al cabo, le quedaba mucha vida a su alcance. Algunas la rechazaron. Muchas la despreciaron. No todo le salió bien. Pero tenía a Puri, a Hanna, a Angie, a Li, a Patri. Y cuando viviera en Londres sería aún mejor. Allí saben vivir mejor.
Y su cuerpo. Se extinguía hasta el proyectado nuevo cuerpo, casi un esqueleto, que proyectaba para sus 55 años. Eran sus últimos años de cincuentona apetecible. Qué estupidez, y sin embargo qué cierta la satisfacción que obtuvo de la belleza de su cuerpo. Cuando esa belleza le permitió conseguir dinero y ser libre, fue genial. Más tarde le permitió conseguir amor y placer de otras mujeres -las amigas íntimas con las que soñó de niña...-, y le supuso librarse de la complicación de "buscar hombre" que arruinaba la vida de tantas. Tenía mucho que agradecerle a su cuerpo, a pesar de que sabía que era una estupidez, algo efímero y contingente. Se acordaba de cuando se preparaba para los clientes en el piso de Madrid, cuando palpaba sus blancos muslos, suaves y firmes por la gimnasia, y la ropa complicada, con tirantes y encajes, que se ponía para calentarlos. Llegaba a pasar del narcisismo a sentirse harta de tanta feminidad artificiosa, recargada, ñoña... Pero era dinero, era poder... y exigía cierto orden, muy próximo al arte. Cuando se sentía harta de ese tipo de feminidad obscena y a la vez empalagosa se tomaba un minuto de respirar con los ojos cerrados...
Recordaba a un cliente que le dijo, después de excitarse y gozar con ella: a mí me gustan las mujeres, pero entiendo que la belleza del cuerpo masculino es más elegante. Le hizo pensar en aquel novelista, famoso pervertido, que escribió de una mujer que "en ropa interior, tenía una belleza notable y repugnante"... Así tuvo que vivir. En ese mareo de contradicciones...
Así que cuando todo acabara -todo acabara...-, cuando solo quedase el futuro de una criatura nueva del siglo XXI, en una ciudad de vanguardia como Londres... Entonces quizá agradeciera haber dejado atrás a la escritora frustrada, la profetisa sin discípulos, la puta dulce y preciosa...
Recordaría las tardes al fresco, en "Villa Orchard", con la madre, la hermana, la tía... Los frutales, el silencio, la paz. Ese tipo de recuerdos que dicen que uno debería llevarse consigo al lecho de muerte... Había que arrojar de sus recuerdos los dormitorios solitarios en ciudades extrañas.
Ahora, el balcón del apartamento mostraba edificios blancos, un parque, bastante cielo mediterráneo. Estrella miraba por el balcón cuando la niña no exigía más cuidados. Si la madre no exigía más cuidados. Pensó que se iría de España para siempre. Pensó que un día moriría para siempre. Pensó que su hija... que acabaría haciendo lo que quisiera. Que su vida no iba a ser la de ellas. Iba a ser otra vida. Otro mundo. Sin ella.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Capítulo 22. Dos éxitos de ventas
Fue a primeros del año siguiente cuando se le ocurrió que podía ofrecer su experiencia como prostituta enriquecida a las víctimas de la crisis económica del 2008. Lo consultó con Puri. Claro, ¿por qué no? No se trataba de una solución para todo el mundo, pero podía haber muchas chicas que se lo estuvieran planteando, plenamente conscientes de los riesgos psicológicos y de la estigmatización social que implicaba. Y era muy posible que no tuvieran mucha idea acerca de cómo hacerlo. Que les faltara una "orientación práctica", tal como le había sucedido a ella en su momento. En otra época.
Estrella era consciente de que posicionarse una vez más "a favor de la prostitución" significaba ganarse el desprecio y el odio de la inmensa mayoría de feministas. Pero ya no le quedaba nada que perder en ese sentido. Y estaba convencida de que la razón estaba de su parte, y de que alguna vez se la reconocería como una precursora.
Ya tenía, pues, otra tarea por delante. Fue algo que se estuvieron planteando durante varias semanas. Un nuevo proyecto. Comprendió que tenía que informarse y que no bastaba con su experiencia personal de los años ochenta del siglo anterior. Los tiempos habían cambiado. No solo que todo se hacía ahora por Internet, sino también que los gustos sexuales y el enfoque de la sempiterna estigmatización habrían cambiado en veinte años. Ahora, por ejemplo, había muchas ex prostitutas que contaban sus experiencias en libros. Y era mucho más común que antes que aparecieran prostitutas como personajes de ficción (sobre todo en el medio audiovisual). Una vez vio a una "madame" por la tele diciendo que una película como "Pretty Woman" (posterior a su época, por cierto) había hecho mucho daño a las chicas, porque les había metido en la cabeza muchas fantasías tontas. La película era una completa estupidez, desde luego, pero Estrella pensaba en las putas que conoció durante su aprendizaje, y no le extrañaba que hubiera quien se creyera esas cosas. Evidentemente, el personaje que interpretaba el guaperas Richard Gere lo que representaba no era tanto un "príncipe azul" como un chulo.
Puri en ningún momento mostró disgusto porque quisiera volver sobre ese viejo tema que, en el fondo, la hundía más en la marginalidad. Se daba cuenta de que Estrella sabía que ya no iba a cambiar el mundo y que, en cierto modo, deseaba justificarse. Aparentemente, Puri se creía todos los argumentos de su esposa. Estrella también se los creía. Quizá no era tan inteligente. Ciertamente, su inteligencia estaba muy limitada por arriba, por abajo y por los lados. Tal vez nunca llegara a saber en qué consistía. No poseería nunca una inteligencia inequívoca, como la de todas sus otras amigas, las buenas estudiantes, las que sabían hacer cosas. Ser prostituta y buena en la cama no era una cosa. No poseía nada aparte de un montón de mal ganado dinero. Solo quedaban sus rarezas.
Hicieron varios viajes a Madrid. Con Patri y Toñi revivieron recuerdos. Patri pensaba que en lugar de escribir un "manual" debía contar la historia de su vida. Ella dijo que lo haría en el año 2017, el año que había fijado para su metamorfosis (cuando iba a cortarse el pelo, quitarse las tetas y todo eso). De momento, quería hacer una obra que tuviera una utilidad práctica para que cualquier chica que se lo planteara pudiese acceder a esa opción.
Al explicarles el estilo de servicios sexuales que la llevó al triunfo económico, Patri observó que no recordaba que entonces lo hubiera organizado con tanto detalle. Estrella se extrañó, porque creía haberlo hecho. Pero había pasado mucho tiempo. Patri sí recordaba algunas cosas, como que se ofrecía a los clientes como "la esclava de un rey", aunque, por ejemplo, no recordaba que ella inicialmente se dirigiera a ellos tratándolos "de usted". Admitió que, por teléfono, cuando llamaban preguntando por su oferta, sí recordaba que Estrella les hablaba "de usted", aunque lo más notable siempre era su tono de voz, delicado y sin doblez, como el de la telefonista de un hotel de lujo. Cuando contrató a Mari como telefonista le enseñó a imitar ese tono y atenerse a una serie de fórmulas preconcebidas: en poco tiempo la nueva empleada aprendió a hacerlo de forma automática y eficiente.
Le dijo a Patri que quería reivindicarse a sí misma. Mencionó algunos sabios, psicólogos, filósofos, que apoyaban su postura. Lo que había hecho no había sido algo malo. No había sido malo para ella (¡menuda vida de desgraciada habría llevado si no hubiera ahorrado dinero de la única forma posible!). Y, en cuanto a que hubiera permitido extender las libertades y hacer retroceder los prejuicios, también habría sido algo bueno para todo el mundo.
Patri, persona prudente, sin embargo, ante Elena, ante Toñi y ante Puri, proclamó, con una seriedad inapelable, que "Estrella es más inteligente que todas nosotras juntas" y que, en consecuencia "estaba de acuerdo en todo con ella". No había ironía en el tono de voz. Patri apelaba a un tipo de inteligencia no convencional, a una inteligencia sin duda no práctica y nada convincente, pero que ella reverenciaba porque la amistad, los años, le habrían dado la sabiduría. Patri siempre había sido un poco condescendiente con Estrella, a la vez que levemente admirativa y un tanto crítica desde su reserva que cualquier otra hubiera considerado ofensiva. Ahora, sin embargo, parecía rendirse ante ella. Pero lo hacía de una forma tan resignada que casi parecía una despedida: ¿por qué me pide consejo?
Ahí quedó todo. Toñi sonrió con cariño. Elena reconoció que nunca habían sido enemigas.
Después trataron con algunas agencias de citas (proxenetas) y se pusieron en contacto con chicas que se ofrecían por Internet. Fue divertido. En una ocasión se ofreció ella misma, como espectacular mujer madura y famosa escritora en apuros por la crisis inmobiliaria. También llamaron a chicas como clientas y hablaron con ellas en esa situación altamente coactiva, muy diferente a cuando se queda en un café.
Estas visitas a Madrid duraron hasta el verano y todo resultó bastante entretenido. Sobre todo para Puri que, al fin y al cabo, era una virgen.
Aquel verano no viajaron y Estrella estuvo escribiendo el libro que se llamaría Manual de la buena puta. En ningún otro libro Puri le fue de tanta ayuda. A veces incluso recurrían al novio de Sofía que era un hombre, aunque nunca había recurrido a la prostitución. Aportaba su punto de vista masculino. Estrella, por primera vez, y gracias a las relaciones de parentesco, tenía un hombre amigo, bien rodeado de mujeres (esposa y cuñada). Era inteligente y escéptico, y muchas de sus opiniones valía la pena que se considerasen seriamente. Fue en aquella época que él se ganó finalmente su confianza.
Puesto que el libro lo escribía en español, sin duda se trataba de un manual de orientación para las chicas españolas (o extranjeras que se prostituían en España) pero, por si acaso, y puesto que vivían en un mundo global, incluyó cosas que había conocido gracias a la carrera como prostituta de Angie, la ya prestigiosa novelista norteamericana. Entre las muchas cosas que hablaron en la época en que vivieron juntas en Los Ángeles estuvo la planificación de una organización-empresa-cooperativa de prostitutas lesbianas que hubiera podido establecerse en Nevada, en los condados donde la prostitución es legal. Hubiera necesitado mucha inversión y un control muy estricto, pero durante unas semanas les divirtió planificarlo (y a Puri le entró miedo de que se atreviesen a llevarlo a cabo). Se imaginaban un terreno eficientemente urbanizado, en condiciones idílicas, en cualquiera de los espacios disponibles en el desierto, con un equipo eficiente de seguridad a cargo de muchas "Patris" norteamericanas, con hoteles, bares, restaurantes y administración, todo manejado por mujeres, a ser posible lesbianas, y a docenas o centenares de prostitutas dulces, educadas y hábiles (todas lesbianas) que atenderían a los caballeros que llegarían constantemente del mundo entero buscando algo único a precios razonablemente altos. ¡Menuda mierda para las "señoritas feministas" (como gustaba de llamarlas), cuyos machos ahora podrían encontrar placer intenso y feminidad completa a precios competitivos!
Por el salario mensual de un obrero no cualificado yankee, un hombre podría estar durante una hora con una chica dulce y preciosa en cuyos ojos no vería desprecio, ni indiferencia ni malicia, que le haría esto y lo otro, que lo encantaría con sus besos, que le acariciaría con palabras amables y medidas, que sería dedicada, humilde y sumisa, y que le daría un placer perfecto, concentrado y redondo. Sería el fin del romance heterosexual. El fin del matrimonio. El fin de todo. El comienzo de todo...
Las chicas podrían acudir a subastar su virginidad a altísimos precios. Las prostitutas endurecidas harían cursos para reconducir su comportamiento erróneo. Las limpiadoras o administrativas contratadas se elegirían entre mujeres atractivas... a sabiendas de que en poco tiempo la mayoría iba a decirse que por qué no, por qué no ganar un millón de dólares en un año si estaba ahí, tan cerquita, a su alcance. Crecerían. Surgiría una franquicia... El mundo no volvería a ser el mismo.
Pero solo puso una página de todo esto, como una anécdota fantasiosa...
En septiembre llevaron el manuscrito a la editorial y en noviembre del 2010 ya estaba en las librerías. Llegó entonces una nueva etapa de promoción y apariciones en los medios. Enseguida consideraron que ella era un buitre más de la crisis y recibió el esperado aluvión de críticas feministas negativas y furibundas. Pero Estrella ya no esperaba nada de las feministas. Las "señoritas feministas". Ni de las lesbianas, las "del uno por ciento", como gustaba también de llamarlas. ¿Y cómo la llamaban a ella?, pues "la puta", claro está. Ya había dejado de molestarle, porque, finalmente, tenía a sus amigas, sus buenas amigas que eran personas de calidad: Laurie, Li, Angie, Hanna... Y las otras amigas, las más queridas y próximas. No estaba sola y nadie la convencería nunca de que se equivocaba. Y su madre estaba muerta.
A primeros del año siguiente quedó claro que se trataba de su mayor éxito. El libro estaba vendiéndose y, sumando todos sus libros, ahora resultaba que Estrella Morán había resultado más o menos rentable como fenómeno editorial. Había perdido con la mayoría de sus libros, pero siempre había ingresado algo y ahora había tenido un éxito que compensaba los anteriores fracasos. Más puta que lesbiana, al final. La comunidad lésbica no la había querido como profetisa, pero como prostituta siempre había sido la mejor.
Todo el año 2011 estuvo defendiendo su libro. Abrió un sitio web por el cual se pusieron en contacto con ella chicas que lo habían leído y que aseguraban estar usando los métodos que proponía. La mayoría no eran fraudes, y tuvo más tarde algunos encuentros con ellas. En realidad, todo aquel año aquellas entrevistas con chicas que se prostituían le resultaron entretenidas y llenas de contenido humano (social, psicológico, antropológico). Tenía edad para ser la madre de todas ellas. Incluso le proponían que se convirtiese en madame. Les explicaba que no necesitaba dinero, que ya era rica porque había ahorrado. En su libro había dedicado un capítulo entero al tema del ahorro: ser prostituta sin ahorrar no tiene sentido. Hacerlo "para salir del paso" es un error, y hacerlo para pagarse los estudios... depende de cómo se haga (con la mayor discreción posible).
No envidiaba a sus "alumnas". La prostitución, estigmatizada o no, aunque emocionante y nada aburrida, es también una actividad cansada y triste, no exenta de riesgos, por mucho que se tomen precauciones inteligentes. Tal como ella lo veía, lo triste no era tanto que no fuese sexo con amor (no concebía el amor con hombres), sino que se trataba de utilizar el sexo de pago como forma de desahogar la triste necesidad que la mujer tenía del macho. Así se había hecho mujer. No siendo una andrófila, no una mujer que cayese en la desgracia de amar a los hombres (si quieres amor, cómprate un perro), sin embargo casi todas las mujeres necesitan algo de macho. Necesitan ser utilizadas, penetradas, utilizadas, folladas. Soy una mujer. Soy una mujer y necesito amor y necesito hombre, por ese orden y nunca al mismo tiempo, ése era el mensaje, y la prostitución podía satisfacer el segundo deseo. A veces.
Por lo demás, las chicas que conoció a raíz del libro, en realidad, no le gustaron. La mayoría eran vulgares, taimadas, agresivas, fulanescas. Las demás parecían unas infelices. Muy pocas eran realmente atractivas y en sus encuentros con ellas vivió momentos desagradables porque muchas se sintieron maltratadas debido a que Estrella no podía disimular lo poco interesantes que las encontraba.
Quizá era ya hora de reconstruir todos sus recuerdos, de ponerlos en orden. Confundía cosas, lugares y personas. Incluso situaciones que creía recordar muy bien luego resultaba que tampoco se habían producido como a primera vista pensaba que fueron.
Prostituta, lesbiana, escritora, intelectual, aventurera Personaje extravagante, en todo caso. Modelo para nadie, pero quizá enseñanza para muchas
En abril de aquel 2011 recibió una llamada de su agente. Decía que el manual de la buena puta había ido tan bien que era una tontería no aprovechar la cresta de la ola para sacar el otro libro, su autobiografía. ¿Por qué esperar a 2017?
Ciertamente, tampoco había por qué esperar. ¿Dejar algo por hacer más adelante, por temor a aburrirse? ¿Y si podía vivir tan ricamente sin hacer nada? En el fondo, temía a la vejez y tal vez hubiera de concentrarse a fondo para organizar su vida "tras los 55". Si iba a vivir una larga ancianidad (hasta los noventa o cien años) estaba claro que esa "segunda vida" no podía basarse más en sus sueños de escritora. Era mejor entonces escribirlo todo antes. Mientras más diferente fuera a ser su "segunda vida", tanto más valiosa sería como experiencia completa. No escribiría más, no más "vida pública".
Lo consultó con Puri y dijo que de acuerdo.
Así que antes del verano ya estaba en marcha la autobiografía, y casi enseguida encontró el título: Vida de una puta feminista.
Fue una oportunidad para estrechar su amor con Puri, porque juntas, incluso con lápiz y papel, fueron organizando una cronología, asignando episodios, acontecimientos, personajes. Aunque pensaba que se lo había contado todo a su compañera del alma, resultó que faltaban cosas. Se descubrían momentos, sentimientos. Los duros primeros meses de prostituta novata siempre volvían a aparecer como causa y origen de muchas de sus emociones más persistentes. Un trauma. Y los tres años en el piso de Madrid. Y su soledad en American City. Todo lo que vino después... Veinte años de libertad... Quizá los veinte años de "Villa Orchard" no justificaron el pasado. Pero fueron veinte años felices. ¿Verdad, mi amor?... hemos sido felices... ¿no lo ves tú así?
Y se abrazaban, sin besarse mucho, porque ya eran mujeres maduras, y Puri confirmaba que sí, que habían sido afortunadas y felices. En "Villa Orchard", la sirvienta virgen se había casado con la ama puta...
En el mundo exterior, las esperanzas de que la crisis económica iba a mejorar desaparecieron. El gobierno que había aprobado el matrimonio gay desapareció también con las esperanzas de recuperación económica, y volvieron los conservadores porque la crisis continuaba y la gente quería probar cualquier cosa (estaban desesperados). Crisis y más crisis. Ella estaba a salvo, como siempre lo había estado gracias a su sacrificio. De hecho, aprovechó la crisis para, venciendo su natural pereza, invertir en la adquisición de más apartamentos turísticos. Los precios habían bajado y redondeó el número de propiedades. De treinta y cuatro a cincuenta. Adquirió dieciséis apartamentos (la mayoría un poco más alejados, ya no en una zona turística tan frecuentada) a precios relativamente bajos. Fueron unas cuatro operaciones, al término de las cuales se había hipotecado con mínimo riesgo. De hecho, la mitad de los pagos estarían cubiertos con la rentabilidad que sacaría a los apartamentos, porque no había tanta crisis en Inglaterra, que era de donde venían sus clientes. En diez años lo tendría todo pagado. La diferencia de ingresos apenas se notaría. Propietaria de cincuenta apartamentos. Y de una empresa que gestionaba el doble de ese número en total. Más sus otras propiedades. Y daba trabajo a siete personas. Y era profesora de inglés. Y escritora... aunque no de prestigio.
Todo tenía sentido. Siempre tenía sentido. Y, sin embargo, lo que había hecho, aunque salvó su vida, la condenó a la infamia. La tristeza de su madre, la tristeza con la que había muerto, pese al esplendor de los árboles del "Orchard", era la prueba de ello. No era raro que a veces se sorprendiera satisfecha de tener todo su dinero, sus propiedades inmobiliarias, su seguridad económica, su vida ociosa. Y bien: tengo todo esto. Si hubiera sido "buena" no habría tenido nada. Una vida desgraciada como la de su madre. La sociedad fue injusta con ella, condenándola, siendo una chica buena, a la pobreza y la humillación del fracaso en los estudios del cual no tenía ninguna culpa (los psicólogos psicometristas lo habían confirmado: su cerebro solo funcionaba de cierta manera, su fracaso académico era inevitable). La habían arrinconado. Reaccionó bien. Fuera por casualidad, por desesperación o por sus propias flaquezas en la vida social, al final lo consiguió: ganó dinero, estatus social, experiencias únicas y el lesbianismo. Ganó. Ahora había crisis, y ella estaba a salvo e incluso especulando a su favor. Ganó. Qué alivio. Por eso el dinero es tan importante.
En el sitio web seguían las consultas y los insultos. En Málaga acudió a algunos actos sobre el libro en el que enseñaba a las jóvenes cómo prostituirse, que llevaba ya cien mil ejemplares vendidos. La mayoría de los compradores eran tipos que querían pasar el rato, excitarse con los detalles picantes, que no faltaban, quizá precisamente por el tono serio con el que estaba escrito todo La misma técnica que ella utilizó para hacerse rica entonces. Una chica tan seria y tan educada, tan humilde, servil y, a la vez, culta y sensible. Una combinación única. Pudo haber hecho mucho más dinero del que hizo.
Con el novio siguió acudiendo a conocer los clubs de lectura de la ciudad. Eran cosas bastante tontas, para gente de barrio, muchas mujeres ociosas con gustos tipo Isabel Allende, pero le permitía hablar y hablar. No se peleaban con ella como las feministas y resultaba fácil impresionarles. Además, le servían para calibrar cómo se aceptaría el libro de su vida.
Durante el verano se fue a hacer una gira europea. Reencontró viejas amistades, que le parecieron increíblemente envejecidas. Conoció a algunas personas jóvenes y Puri y ella apenas tuvieron sexo con nadie más. En realidad, fue un viaje muy turístico. De ver monumentos, museos. En Londres invitaron a la hermana y se reencontraron con Li, que no había olvidado el español. Tres o cinco mujeres de mediana edad paseando y charlando y chismorreando por la gran ciudad llena de turistas. Su belleza ya no llamaba la atención. Atraía a hombres de edad, y a los tipos que están dispuestos a todo. Era una elegante mujer madura. Pero solo eso. Y no lo sería durante mucho tiempo más. Le esperaba la ancianidad, la segunda vida.
En septiembre le pidió a Puri que le dejara ir sola a ver a Angie. A Puri no le gustó, pero lo aceptó. Era la primera vez que la excluía deliberadamente.
Angie estaba en el Medio Oeste, en el campo, un lugar muy bonito. Allí vivía con su novia jovencita. Estaba muy guapa, pero ya no se notaba tanta diferencia de edad entre ellas. Hacía casi veinte años que se habían conocido.
Estuvieron paseando solas por un bosque y entonces tuvieron una charla profunda. Stella se daba cuenta de que Angie había sido la mujer de su vida. Que podía haberlo sido. Angie admitió que nadie le había influido tanto como ella. Pero tal vez, si se hubiera quedado con Angie, hubiera acabado decepcionándola...
Cuando se despidieron, las dos concluyeron que la vida incluye equivocaciones, y que no hay que amargarse por ello. Ya era tarde para las dos, pero bueno era haberlo sabido. Y no eran desgraciadas.
A su regreso a Málaga se lo contó a Puri, que por primera vez lloró y rabió, a pesar de que Estrella le aseguró -y de su franqueza no se podía dudar- que deliberadamente había excluido tener relaciones sexuales con Angie. El malhumor les duró hasta Navidad, y aunque no llegaron a discutir, les llevó tiempo madurar aquellos sentimientos nuevos. Las hermanas respectivas no pudieron entender lo que pasaba. Hubo una cosa buena que salió de ello: los emails que intercambiaba con Angie cobraron entonces un valor especial. Angie ya no era solo una de sus grandes amigas, como Laurie y Hanna. Ahora Angie era su gran amor, su alma gemela. No le ocultaba nada a Puri, y la esposa comprendió que estaba satisfecha con que, al fin y al cabo, era con ella con la que su esposa se acostaba. De hecho, a punto de cumplir los cincuenta, Estrella ya no tenía mucho interés en las experiencias sexuales. El apetito no le había desaparecido pero la cosa se limitaba a que se masturbaban juntas (la una a la otra). Todos los días. Antes se bañaban y después hacían el amor. Ahora se masturbaban la una a la otra y se duchaban después.
Pero con Angie había alcanzado la intimidad final. Espiritual. Platónica, si se quería. Angie era la auténtica novelista. Y era inteligente y valiente. No tenía cosas raras en el cerebro, como lo que fuese que había hecho fracasar a Estrella en los estudios. Angie era normal. Era una mujer buena, inteligente, valiente y normal. Puri leía a veces aquellos emails, si bien no dominaba mucho el inglés escrito: Estrella se los traducía. Puri se conformaba con ser la esposa y con que Estrella le fuese fiel. Aceptaba su inferioridad intelectual o artística o lo que fuese. Al fin y al cabo, Estrella también había aceptado su relativo fracaso como escritora. El relativo fracaso de su cerebro. Pobre sororidad: de haber sido Estrella más intelectualmente perfecta, habría salvado a muchas, a todas. A la humanidad entera. Hubiera sido la primera profetisa, la primera mesías femenina. Angie quizá llegara a ganar el Pulitzer, pero nunca habría podido hacerlo. Tal vez una combinación genética futura permitiera la aparición de aquella mujer que ni Angie ni Estrella habían podido llegar a ser.
Aquellos meses de primeros del 2012 siguió dedicándolos a escribir la autobiografía de Estrella: Vida de una puta feminista. Aprovechó para hacerse una nueva operación. Tras él, su rostro pareció un poco diferente, pero los ojos no cambiaron. Gracias a aquel retoque, la distancia que suponía la edad entre las dos esposas se acortó. Tampoco le toleraba mucho a la otra que se descuidara.
Puri no dejaba de hacerle preguntas para conocer con detalle los años anteriores. Sobre todo el periodo de su caída en el fango, de mayo de 1983 a junio de 1986. Estrella había perdido algunos de sus diarios, de sus antiguas cartas. Algunos acontecimientos no los recordaba bien. Qué fue antes y qué fue después.
Para su cumpleaños, el libro estaba listo, y para noviembre de 2012, cuando todavía se estaba vendiendo el Manual de la buena puta, salió a las librerías la otra puta, la "feminista". Se vendió bien, pero no tan bien como el manual. Era más divertido, más literariamente exigente y los críticos opinaron de forma desigual. Pero todos admitieron el libro como libro: entró dentro de la literatura, ocupó su lugar.
Ahora ya se sabía todo. Esta vez, sin embargo, no fue a las teles. Concedió alguna entrevista si se la pidieron, sobre todo a la prensa de papel, pero estaba harta de la tele, de las discusiones, el griterío.
Cuando llegó el año 2013 le apeteció llevarse a Puri al invierno norteamericano. Estuvieron de nuevo con Angie, que había fracasado con su última novela. Puree se sintió cómoda por ese fracaso. Angie siempre era buena y humilde con ella, pero en esta ocasión no se trataba de una consecuencia de su grandeza (o santidad) sino de su perceptible abatimiento. A Stella le gustó mostrarse cariñosa con las dos. Hasta durmieron juntas las tres, aunque no hicieron nada sexualmente. Las dos eran buenas. La sororidad existió de nuevo en aquel momento.
Suponía que ya solo le quedaba terminar de vivir, y terminar bien. Casi tenía ganas de que llegara el año 2017, sus 55 años, y cortarse el pelo y todo el ritual que había ideado. Igual podía escribir algo sobre eso. Le quedaban unos cuantos años de madurez activa. Todavía recibía amistades e incluso hacía amistades nuevas. Ya no contendía por alcanzar la excelencia de profetisa o escritora. Incluso le divertía ser honrada por personas sencillas que la respetaban simplemente porque había publicado unos cuantos libros. O, simplemente, porque era rica y todavía era bella.
Como entretenimiento, se puso aquel año a escribir las fantasías que nunca se atrevió a hacer. La gente no solía creer que ella fuese tímida y timorata. Pero era verdad. Nunca o casi nunca había ligado. Nunca se había lanzado a por una de las muchachitas inocentes que habían simpatizado con ella durante sus viajes. Así que fantaseó con esas cosas, con haber sido una especie de vampiresa o reina de las hadas.
Algo de eso salía en la novela de Angie (lo había sugerido Estrella). Lo de tener esclavas. Le hubiera encantado. Puri le dijo que ella hubiera aceptado ser su esclava, pero Estrella nunca se atrevió a pedírselo. Incluso hubiera podido retener a Guenia mostrándose más dominante. Le dio demasiada libertad y se escapó. Lo último que supo de ella es que se había perdido en Alemania o más lejos, divorciándose también del primo que se la había quitado.
Quizá por eso no había funcionado lo de la sororidad. Las mujeres, en el fondo, gustan de ser dominadas. Brutalizadas por el macho, sí, pero, además, ser dominadas por hombre o por mujer.
Le había dado demasiadas vueltas a todo eso. Lo que escribía ahora no iba a publicarse nunca. Al menos, le seguía mandando ideas a Angie.
Durante el verano del 2013 volvieron a viajar. El verano anterior se habían quedado por casa. Esta vez fueron un montón en el viaje. Se llevó a la hermana, a la otra hermana y al novio (éste solo un mes, porque tenía que cuidar del negocio). Fueron a América del Sur, a Argentina, donde estaba comenzando la primavera. Después viajaron a Norteamérica otra vez. Otra visita a Angie, y regreso. Y entonces surgió un último proyecto.
Estrella era consciente de que posicionarse una vez más "a favor de la prostitución" significaba ganarse el desprecio y el odio de la inmensa mayoría de feministas. Pero ya no le quedaba nada que perder en ese sentido. Y estaba convencida de que la razón estaba de su parte, y de que alguna vez se la reconocería como una precursora.
Ya tenía, pues, otra tarea por delante. Fue algo que se estuvieron planteando durante varias semanas. Un nuevo proyecto. Comprendió que tenía que informarse y que no bastaba con su experiencia personal de los años ochenta del siglo anterior. Los tiempos habían cambiado. No solo que todo se hacía ahora por Internet, sino también que los gustos sexuales y el enfoque de la sempiterna estigmatización habrían cambiado en veinte años. Ahora, por ejemplo, había muchas ex prostitutas que contaban sus experiencias en libros. Y era mucho más común que antes que aparecieran prostitutas como personajes de ficción (sobre todo en el medio audiovisual). Una vez vio a una "madame" por la tele diciendo que una película como "Pretty Woman" (posterior a su época, por cierto) había hecho mucho daño a las chicas, porque les había metido en la cabeza muchas fantasías tontas. La película era una completa estupidez, desde luego, pero Estrella pensaba en las putas que conoció durante su aprendizaje, y no le extrañaba que hubiera quien se creyera esas cosas. Evidentemente, el personaje que interpretaba el guaperas Richard Gere lo que representaba no era tanto un "príncipe azul" como un chulo.
Puri en ningún momento mostró disgusto porque quisiera volver sobre ese viejo tema que, en el fondo, la hundía más en la marginalidad. Se daba cuenta de que Estrella sabía que ya no iba a cambiar el mundo y que, en cierto modo, deseaba justificarse. Aparentemente, Puri se creía todos los argumentos de su esposa. Estrella también se los creía. Quizá no era tan inteligente. Ciertamente, su inteligencia estaba muy limitada por arriba, por abajo y por los lados. Tal vez nunca llegara a saber en qué consistía. No poseería nunca una inteligencia inequívoca, como la de todas sus otras amigas, las buenas estudiantes, las que sabían hacer cosas. Ser prostituta y buena en la cama no era una cosa. No poseía nada aparte de un montón de mal ganado dinero. Solo quedaban sus rarezas.
Hicieron varios viajes a Madrid. Con Patri y Toñi revivieron recuerdos. Patri pensaba que en lugar de escribir un "manual" debía contar la historia de su vida. Ella dijo que lo haría en el año 2017, el año que había fijado para su metamorfosis (cuando iba a cortarse el pelo, quitarse las tetas y todo eso). De momento, quería hacer una obra que tuviera una utilidad práctica para que cualquier chica que se lo planteara pudiese acceder a esa opción.
Al explicarles el estilo de servicios sexuales que la llevó al triunfo económico, Patri observó que no recordaba que entonces lo hubiera organizado con tanto detalle. Estrella se extrañó, porque creía haberlo hecho. Pero había pasado mucho tiempo. Patri sí recordaba algunas cosas, como que se ofrecía a los clientes como "la esclava de un rey", aunque, por ejemplo, no recordaba que ella inicialmente se dirigiera a ellos tratándolos "de usted". Admitió que, por teléfono, cuando llamaban preguntando por su oferta, sí recordaba que Estrella les hablaba "de usted", aunque lo más notable siempre era su tono de voz, delicado y sin doblez, como el de la telefonista de un hotel de lujo. Cuando contrató a Mari como telefonista le enseñó a imitar ese tono y atenerse a una serie de fórmulas preconcebidas: en poco tiempo la nueva empleada aprendió a hacerlo de forma automática y eficiente.
Le dijo a Patri que quería reivindicarse a sí misma. Mencionó algunos sabios, psicólogos, filósofos, que apoyaban su postura. Lo que había hecho no había sido algo malo. No había sido malo para ella (¡menuda vida de desgraciada habría llevado si no hubiera ahorrado dinero de la única forma posible!). Y, en cuanto a que hubiera permitido extender las libertades y hacer retroceder los prejuicios, también habría sido algo bueno para todo el mundo.
Patri, persona prudente, sin embargo, ante Elena, ante Toñi y ante Puri, proclamó, con una seriedad inapelable, que "Estrella es más inteligente que todas nosotras juntas" y que, en consecuencia "estaba de acuerdo en todo con ella". No había ironía en el tono de voz. Patri apelaba a un tipo de inteligencia no convencional, a una inteligencia sin duda no práctica y nada convincente, pero que ella reverenciaba porque la amistad, los años, le habrían dado la sabiduría. Patri siempre había sido un poco condescendiente con Estrella, a la vez que levemente admirativa y un tanto crítica desde su reserva que cualquier otra hubiera considerado ofensiva. Ahora, sin embargo, parecía rendirse ante ella. Pero lo hacía de una forma tan resignada que casi parecía una despedida: ¿por qué me pide consejo?
Ahí quedó todo. Toñi sonrió con cariño. Elena reconoció que nunca habían sido enemigas.
Después trataron con algunas agencias de citas (proxenetas) y se pusieron en contacto con chicas que se ofrecían por Internet. Fue divertido. En una ocasión se ofreció ella misma, como espectacular mujer madura y famosa escritora en apuros por la crisis inmobiliaria. También llamaron a chicas como clientas y hablaron con ellas en esa situación altamente coactiva, muy diferente a cuando se queda en un café.
Estas visitas a Madrid duraron hasta el verano y todo resultó bastante entretenido. Sobre todo para Puri que, al fin y al cabo, era una virgen.
Aquel verano no viajaron y Estrella estuvo escribiendo el libro que se llamaría Manual de la buena puta. En ningún otro libro Puri le fue de tanta ayuda. A veces incluso recurrían al novio de Sofía que era un hombre, aunque nunca había recurrido a la prostitución. Aportaba su punto de vista masculino. Estrella, por primera vez, y gracias a las relaciones de parentesco, tenía un hombre amigo, bien rodeado de mujeres (esposa y cuñada). Era inteligente y escéptico, y muchas de sus opiniones valía la pena que se considerasen seriamente. Fue en aquella época que él se ganó finalmente su confianza.
Puesto que el libro lo escribía en español, sin duda se trataba de un manual de orientación para las chicas españolas (o extranjeras que se prostituían en España) pero, por si acaso, y puesto que vivían en un mundo global, incluyó cosas que había conocido gracias a la carrera como prostituta de Angie, la ya prestigiosa novelista norteamericana. Entre las muchas cosas que hablaron en la época en que vivieron juntas en Los Ángeles estuvo la planificación de una organización-empresa-cooperativa de prostitutas lesbianas que hubiera podido establecerse en Nevada, en los condados donde la prostitución es legal. Hubiera necesitado mucha inversión y un control muy estricto, pero durante unas semanas les divirtió planificarlo (y a Puri le entró miedo de que se atreviesen a llevarlo a cabo). Se imaginaban un terreno eficientemente urbanizado, en condiciones idílicas, en cualquiera de los espacios disponibles en el desierto, con un equipo eficiente de seguridad a cargo de muchas "Patris" norteamericanas, con hoteles, bares, restaurantes y administración, todo manejado por mujeres, a ser posible lesbianas, y a docenas o centenares de prostitutas dulces, educadas y hábiles (todas lesbianas) que atenderían a los caballeros que llegarían constantemente del mundo entero buscando algo único a precios razonablemente altos. ¡Menuda mierda para las "señoritas feministas" (como gustaba de llamarlas), cuyos machos ahora podrían encontrar placer intenso y feminidad completa a precios competitivos!
Por el salario mensual de un obrero no cualificado yankee, un hombre podría estar durante una hora con una chica dulce y preciosa en cuyos ojos no vería desprecio, ni indiferencia ni malicia, que le haría esto y lo otro, que lo encantaría con sus besos, que le acariciaría con palabras amables y medidas, que sería dedicada, humilde y sumisa, y que le daría un placer perfecto, concentrado y redondo. Sería el fin del romance heterosexual. El fin del matrimonio. El fin de todo. El comienzo de todo...
Las chicas podrían acudir a subastar su virginidad a altísimos precios. Las prostitutas endurecidas harían cursos para reconducir su comportamiento erróneo. Las limpiadoras o administrativas contratadas se elegirían entre mujeres atractivas... a sabiendas de que en poco tiempo la mayoría iba a decirse que por qué no, por qué no ganar un millón de dólares en un año si estaba ahí, tan cerquita, a su alcance. Crecerían. Surgiría una franquicia... El mundo no volvería a ser el mismo.
Pero solo puso una página de todo esto, como una anécdota fantasiosa...
En septiembre llevaron el manuscrito a la editorial y en noviembre del 2010 ya estaba en las librerías. Llegó entonces una nueva etapa de promoción y apariciones en los medios. Enseguida consideraron que ella era un buitre más de la crisis y recibió el esperado aluvión de críticas feministas negativas y furibundas. Pero Estrella ya no esperaba nada de las feministas. Las "señoritas feministas". Ni de las lesbianas, las "del uno por ciento", como gustaba también de llamarlas. ¿Y cómo la llamaban a ella?, pues "la puta", claro está. Ya había dejado de molestarle, porque, finalmente, tenía a sus amigas, sus buenas amigas que eran personas de calidad: Laurie, Li, Angie, Hanna... Y las otras amigas, las más queridas y próximas. No estaba sola y nadie la convencería nunca de que se equivocaba. Y su madre estaba muerta.
A primeros del año siguiente quedó claro que se trataba de su mayor éxito. El libro estaba vendiéndose y, sumando todos sus libros, ahora resultaba que Estrella Morán había resultado más o menos rentable como fenómeno editorial. Había perdido con la mayoría de sus libros, pero siempre había ingresado algo y ahora había tenido un éxito que compensaba los anteriores fracasos. Más puta que lesbiana, al final. La comunidad lésbica no la había querido como profetisa, pero como prostituta siempre había sido la mejor.
Todo el año 2011 estuvo defendiendo su libro. Abrió un sitio web por el cual se pusieron en contacto con ella chicas que lo habían leído y que aseguraban estar usando los métodos que proponía. La mayoría no eran fraudes, y tuvo más tarde algunos encuentros con ellas. En realidad, todo aquel año aquellas entrevistas con chicas que se prostituían le resultaron entretenidas y llenas de contenido humano (social, psicológico, antropológico). Tenía edad para ser la madre de todas ellas. Incluso le proponían que se convirtiese en madame. Les explicaba que no necesitaba dinero, que ya era rica porque había ahorrado. En su libro había dedicado un capítulo entero al tema del ahorro: ser prostituta sin ahorrar no tiene sentido. Hacerlo "para salir del paso" es un error, y hacerlo para pagarse los estudios... depende de cómo se haga (con la mayor discreción posible).
No envidiaba a sus "alumnas". La prostitución, estigmatizada o no, aunque emocionante y nada aburrida, es también una actividad cansada y triste, no exenta de riesgos, por mucho que se tomen precauciones inteligentes. Tal como ella lo veía, lo triste no era tanto que no fuese sexo con amor (no concebía el amor con hombres), sino que se trataba de utilizar el sexo de pago como forma de desahogar la triste necesidad que la mujer tenía del macho. Así se había hecho mujer. No siendo una andrófila, no una mujer que cayese en la desgracia de amar a los hombres (si quieres amor, cómprate un perro), sin embargo casi todas las mujeres necesitan algo de macho. Necesitan ser utilizadas, penetradas, utilizadas, folladas. Soy una mujer. Soy una mujer y necesito amor y necesito hombre, por ese orden y nunca al mismo tiempo, ése era el mensaje, y la prostitución podía satisfacer el segundo deseo. A veces.
Por lo demás, las chicas que conoció a raíz del libro, en realidad, no le gustaron. La mayoría eran vulgares, taimadas, agresivas, fulanescas. Las demás parecían unas infelices. Muy pocas eran realmente atractivas y en sus encuentros con ellas vivió momentos desagradables porque muchas se sintieron maltratadas debido a que Estrella no podía disimular lo poco interesantes que las encontraba.
Quizá era ya hora de reconstruir todos sus recuerdos, de ponerlos en orden. Confundía cosas, lugares y personas. Incluso situaciones que creía recordar muy bien luego resultaba que tampoco se habían producido como a primera vista pensaba que fueron.
Prostituta, lesbiana, escritora, intelectual, aventurera Personaje extravagante, en todo caso. Modelo para nadie, pero quizá enseñanza para muchas
En abril de aquel 2011 recibió una llamada de su agente. Decía que el manual de la buena puta había ido tan bien que era una tontería no aprovechar la cresta de la ola para sacar el otro libro, su autobiografía. ¿Por qué esperar a 2017?
Ciertamente, tampoco había por qué esperar. ¿Dejar algo por hacer más adelante, por temor a aburrirse? ¿Y si podía vivir tan ricamente sin hacer nada? En el fondo, temía a la vejez y tal vez hubiera de concentrarse a fondo para organizar su vida "tras los 55". Si iba a vivir una larga ancianidad (hasta los noventa o cien años) estaba claro que esa "segunda vida" no podía basarse más en sus sueños de escritora. Era mejor entonces escribirlo todo antes. Mientras más diferente fuera a ser su "segunda vida", tanto más valiosa sería como experiencia completa. No escribiría más, no más "vida pública".
Lo consultó con Puri y dijo que de acuerdo.
Así que antes del verano ya estaba en marcha la autobiografía, y casi enseguida encontró el título: Vida de una puta feminista.
Fue una oportunidad para estrechar su amor con Puri, porque juntas, incluso con lápiz y papel, fueron organizando una cronología, asignando episodios, acontecimientos, personajes. Aunque pensaba que se lo había contado todo a su compañera del alma, resultó que faltaban cosas. Se descubrían momentos, sentimientos. Los duros primeros meses de prostituta novata siempre volvían a aparecer como causa y origen de muchas de sus emociones más persistentes. Un trauma. Y los tres años en el piso de Madrid. Y su soledad en American City. Todo lo que vino después... Veinte años de libertad... Quizá los veinte años de "Villa Orchard" no justificaron el pasado. Pero fueron veinte años felices. ¿Verdad, mi amor?... hemos sido felices... ¿no lo ves tú así?
Y se abrazaban, sin besarse mucho, porque ya eran mujeres maduras, y Puri confirmaba que sí, que habían sido afortunadas y felices. En "Villa Orchard", la sirvienta virgen se había casado con la ama puta...
En el mundo exterior, las esperanzas de que la crisis económica iba a mejorar desaparecieron. El gobierno que había aprobado el matrimonio gay desapareció también con las esperanzas de recuperación económica, y volvieron los conservadores porque la crisis continuaba y la gente quería probar cualquier cosa (estaban desesperados). Crisis y más crisis. Ella estaba a salvo, como siempre lo había estado gracias a su sacrificio. De hecho, aprovechó la crisis para, venciendo su natural pereza, invertir en la adquisición de más apartamentos turísticos. Los precios habían bajado y redondeó el número de propiedades. De treinta y cuatro a cincuenta. Adquirió dieciséis apartamentos (la mayoría un poco más alejados, ya no en una zona turística tan frecuentada) a precios relativamente bajos. Fueron unas cuatro operaciones, al término de las cuales se había hipotecado con mínimo riesgo. De hecho, la mitad de los pagos estarían cubiertos con la rentabilidad que sacaría a los apartamentos, porque no había tanta crisis en Inglaterra, que era de donde venían sus clientes. En diez años lo tendría todo pagado. La diferencia de ingresos apenas se notaría. Propietaria de cincuenta apartamentos. Y de una empresa que gestionaba el doble de ese número en total. Más sus otras propiedades. Y daba trabajo a siete personas. Y era profesora de inglés. Y escritora... aunque no de prestigio.
Todo tenía sentido. Siempre tenía sentido. Y, sin embargo, lo que había hecho, aunque salvó su vida, la condenó a la infamia. La tristeza de su madre, la tristeza con la que había muerto, pese al esplendor de los árboles del "Orchard", era la prueba de ello. No era raro que a veces se sorprendiera satisfecha de tener todo su dinero, sus propiedades inmobiliarias, su seguridad económica, su vida ociosa. Y bien: tengo todo esto. Si hubiera sido "buena" no habría tenido nada. Una vida desgraciada como la de su madre. La sociedad fue injusta con ella, condenándola, siendo una chica buena, a la pobreza y la humillación del fracaso en los estudios del cual no tenía ninguna culpa (los psicólogos psicometristas lo habían confirmado: su cerebro solo funcionaba de cierta manera, su fracaso académico era inevitable). La habían arrinconado. Reaccionó bien. Fuera por casualidad, por desesperación o por sus propias flaquezas en la vida social, al final lo consiguió: ganó dinero, estatus social, experiencias únicas y el lesbianismo. Ganó. Ahora había crisis, y ella estaba a salvo e incluso especulando a su favor. Ganó. Qué alivio. Por eso el dinero es tan importante.
En el sitio web seguían las consultas y los insultos. En Málaga acudió a algunos actos sobre el libro en el que enseñaba a las jóvenes cómo prostituirse, que llevaba ya cien mil ejemplares vendidos. La mayoría de los compradores eran tipos que querían pasar el rato, excitarse con los detalles picantes, que no faltaban, quizá precisamente por el tono serio con el que estaba escrito todo La misma técnica que ella utilizó para hacerse rica entonces. Una chica tan seria y tan educada, tan humilde, servil y, a la vez, culta y sensible. Una combinación única. Pudo haber hecho mucho más dinero del que hizo.
Con el novio siguió acudiendo a conocer los clubs de lectura de la ciudad. Eran cosas bastante tontas, para gente de barrio, muchas mujeres ociosas con gustos tipo Isabel Allende, pero le permitía hablar y hablar. No se peleaban con ella como las feministas y resultaba fácil impresionarles. Además, le servían para calibrar cómo se aceptaría el libro de su vida.
Durante el verano se fue a hacer una gira europea. Reencontró viejas amistades, que le parecieron increíblemente envejecidas. Conoció a algunas personas jóvenes y Puri y ella apenas tuvieron sexo con nadie más. En realidad, fue un viaje muy turístico. De ver monumentos, museos. En Londres invitaron a la hermana y se reencontraron con Li, que no había olvidado el español. Tres o cinco mujeres de mediana edad paseando y charlando y chismorreando por la gran ciudad llena de turistas. Su belleza ya no llamaba la atención. Atraía a hombres de edad, y a los tipos que están dispuestos a todo. Era una elegante mujer madura. Pero solo eso. Y no lo sería durante mucho tiempo más. Le esperaba la ancianidad, la segunda vida.
En septiembre le pidió a Puri que le dejara ir sola a ver a Angie. A Puri no le gustó, pero lo aceptó. Era la primera vez que la excluía deliberadamente.
Angie estaba en el Medio Oeste, en el campo, un lugar muy bonito. Allí vivía con su novia jovencita. Estaba muy guapa, pero ya no se notaba tanta diferencia de edad entre ellas. Hacía casi veinte años que se habían conocido.
Estuvieron paseando solas por un bosque y entonces tuvieron una charla profunda. Stella se daba cuenta de que Angie había sido la mujer de su vida. Que podía haberlo sido. Angie admitió que nadie le había influido tanto como ella. Pero tal vez, si se hubiera quedado con Angie, hubiera acabado decepcionándola...
Cuando se despidieron, las dos concluyeron que la vida incluye equivocaciones, y que no hay que amargarse por ello. Ya era tarde para las dos, pero bueno era haberlo sabido. Y no eran desgraciadas.
A su regreso a Málaga se lo contó a Puri, que por primera vez lloró y rabió, a pesar de que Estrella le aseguró -y de su franqueza no se podía dudar- que deliberadamente había excluido tener relaciones sexuales con Angie. El malhumor les duró hasta Navidad, y aunque no llegaron a discutir, les llevó tiempo madurar aquellos sentimientos nuevos. Las hermanas respectivas no pudieron entender lo que pasaba. Hubo una cosa buena que salió de ello: los emails que intercambiaba con Angie cobraron entonces un valor especial. Angie ya no era solo una de sus grandes amigas, como Laurie y Hanna. Ahora Angie era su gran amor, su alma gemela. No le ocultaba nada a Puri, y la esposa comprendió que estaba satisfecha con que, al fin y al cabo, era con ella con la que su esposa se acostaba. De hecho, a punto de cumplir los cincuenta, Estrella ya no tenía mucho interés en las experiencias sexuales. El apetito no le había desaparecido pero la cosa se limitaba a que se masturbaban juntas (la una a la otra). Todos los días. Antes se bañaban y después hacían el amor. Ahora se masturbaban la una a la otra y se duchaban después.
Pero con Angie había alcanzado la intimidad final. Espiritual. Platónica, si se quería. Angie era la auténtica novelista. Y era inteligente y valiente. No tenía cosas raras en el cerebro, como lo que fuese que había hecho fracasar a Estrella en los estudios. Angie era normal. Era una mujer buena, inteligente, valiente y normal. Puri leía a veces aquellos emails, si bien no dominaba mucho el inglés escrito: Estrella se los traducía. Puri se conformaba con ser la esposa y con que Estrella le fuese fiel. Aceptaba su inferioridad intelectual o artística o lo que fuese. Al fin y al cabo, Estrella también había aceptado su relativo fracaso como escritora. El relativo fracaso de su cerebro. Pobre sororidad: de haber sido Estrella más intelectualmente perfecta, habría salvado a muchas, a todas. A la humanidad entera. Hubiera sido la primera profetisa, la primera mesías femenina. Angie quizá llegara a ganar el Pulitzer, pero nunca habría podido hacerlo. Tal vez una combinación genética futura permitiera la aparición de aquella mujer que ni Angie ni Estrella habían podido llegar a ser.
Aquellos meses de primeros del 2012 siguió dedicándolos a escribir la autobiografía de Estrella: Vida de una puta feminista. Aprovechó para hacerse una nueva operación. Tras él, su rostro pareció un poco diferente, pero los ojos no cambiaron. Gracias a aquel retoque, la distancia que suponía la edad entre las dos esposas se acortó. Tampoco le toleraba mucho a la otra que se descuidara.
Puri no dejaba de hacerle preguntas para conocer con detalle los años anteriores. Sobre todo el periodo de su caída en el fango, de mayo de 1983 a junio de 1986. Estrella había perdido algunos de sus diarios, de sus antiguas cartas. Algunos acontecimientos no los recordaba bien. Qué fue antes y qué fue después.
Para su cumpleaños, el libro estaba listo, y para noviembre de 2012, cuando todavía se estaba vendiendo el Manual de la buena puta, salió a las librerías la otra puta, la "feminista". Se vendió bien, pero no tan bien como el manual. Era más divertido, más literariamente exigente y los críticos opinaron de forma desigual. Pero todos admitieron el libro como libro: entró dentro de la literatura, ocupó su lugar.
Ahora ya se sabía todo. Esta vez, sin embargo, no fue a las teles. Concedió alguna entrevista si se la pidieron, sobre todo a la prensa de papel, pero estaba harta de la tele, de las discusiones, el griterío.
Cuando llegó el año 2013 le apeteció llevarse a Puri al invierno norteamericano. Estuvieron de nuevo con Angie, que había fracasado con su última novela. Puree se sintió cómoda por ese fracaso. Angie siempre era buena y humilde con ella, pero en esta ocasión no se trataba de una consecuencia de su grandeza (o santidad) sino de su perceptible abatimiento. A Stella le gustó mostrarse cariñosa con las dos. Hasta durmieron juntas las tres, aunque no hicieron nada sexualmente. Las dos eran buenas. La sororidad existió de nuevo en aquel momento.
Suponía que ya solo le quedaba terminar de vivir, y terminar bien. Casi tenía ganas de que llegara el año 2017, sus 55 años, y cortarse el pelo y todo el ritual que había ideado. Igual podía escribir algo sobre eso. Le quedaban unos cuantos años de madurez activa. Todavía recibía amistades e incluso hacía amistades nuevas. Ya no contendía por alcanzar la excelencia de profetisa o escritora. Incluso le divertía ser honrada por personas sencillas que la respetaban simplemente porque había publicado unos cuantos libros. O, simplemente, porque era rica y todavía era bella.
Como entretenimiento, se puso aquel año a escribir las fantasías que nunca se atrevió a hacer. La gente no solía creer que ella fuese tímida y timorata. Pero era verdad. Nunca o casi nunca había ligado. Nunca se había lanzado a por una de las muchachitas inocentes que habían simpatizado con ella durante sus viajes. Así que fantaseó con esas cosas, con haber sido una especie de vampiresa o reina de las hadas.
Algo de eso salía en la novela de Angie (lo había sugerido Estrella). Lo de tener esclavas. Le hubiera encantado. Puri le dijo que ella hubiera aceptado ser su esclava, pero Estrella nunca se atrevió a pedírselo. Incluso hubiera podido retener a Guenia mostrándose más dominante. Le dio demasiada libertad y se escapó. Lo último que supo de ella es que se había perdido en Alemania o más lejos, divorciándose también del primo que se la había quitado.
Quizá por eso no había funcionado lo de la sororidad. Las mujeres, en el fondo, gustan de ser dominadas. Brutalizadas por el macho, sí, pero, además, ser dominadas por hombre o por mujer.
Le había dado demasiadas vueltas a todo eso. Lo que escribía ahora no iba a publicarse nunca. Al menos, le seguía mandando ideas a Angie.
Durante el verano del 2013 volvieron a viajar. El verano anterior se habían quedado por casa. Esta vez fueron un montón en el viaje. Se llevó a la hermana, a la otra hermana y al novio (éste solo un mes, porque tenía que cuidar del negocio). Fueron a América del Sur, a Argentina, donde estaba comenzando la primavera. Después viajaron a Norteamérica otra vez. Otra visita a Angie, y regreso. Y entonces surgió un último proyecto.
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