miércoles, 5 de noviembre de 2014

Capítulo 22. Dos éxitos de ventas

  Fue a primeros del año siguiente cuando se le ocurrió que podía ofrecer su experiencia como prostituta enriquecida a las víctimas de la crisis económica del 2008. Lo consultó con Puri. Claro, ¿por qué no? No se trataba de una solución para todo el mundo, pero podía haber muchas chicas que se lo estuvieran planteando, plenamente conscientes de los riesgos psicológicos y de la estigmatización social que implicaba. Y era muy posible que no tuvieran mucha idea acerca de cómo hacerlo. Que les faltara una "orientación práctica", tal como le había sucedido a ella en su momento. En otra época.

  Estrella era consciente de que posicionarse una vez más "a favor de la prostitución" significaba ganarse el desprecio y el odio de la inmensa mayoría de feministas. Pero ya no le quedaba nada que perder en ese sentido. Y estaba convencida de que la razón estaba de su parte, y de que alguna vez se la reconocería como una precursora.

  Ya tenía, pues, otra tarea por delante. Fue algo que se estuvieron planteando durante varias semanas. Un nuevo proyecto. Comprendió que tenía que informarse y que no bastaba con su experiencia personal de los años ochenta del siglo anterior. Los tiempos habían cambiado. No solo que todo se hacía ahora por Internet, sino también que los gustos sexuales y el enfoque de la sempiterna estigmatización habrían cambiado en veinte años. Ahora, por ejemplo, había muchas ex prostitutas que contaban sus experiencias en libros. Y era mucho más común que antes que aparecieran prostitutas como personajes de ficción (sobre todo en el medio audiovisual). Una vez vio a una "madame" por la tele diciendo que una película como "Pretty Woman" (posterior a su época, por cierto) había hecho mucho daño a las chicas, porque les había metido en la cabeza muchas fantasías tontas. La película era una completa estupidez, desde luego, pero Estrella pensaba en las putas que conoció durante su aprendizaje, y no le extrañaba que hubiera quien se creyera esas cosas. Evidentemente, el personaje que interpretaba el guaperas Richard Gere lo que representaba no era tanto un "príncipe azul" como un chulo.

  Puri en ningún momento mostró disgusto porque quisiera volver sobre ese viejo tema que, en el fondo, la hundía más en la marginalidad. Se daba cuenta de que Estrella sabía que ya no iba a cambiar el mundo y que, en cierto modo, deseaba justificarse. Aparentemente, Puri se creía todos los argumentos de su esposa. Estrella también se los creía. Quizá no era tan inteligente. Ciertamente, su inteligencia estaba muy limitada por arriba, por abajo y por los lados. Tal vez nunca llegara a saber en qué consistía. No poseería nunca una inteligencia inequívoca, como la de todas sus otras amigas, las buenas estudiantes, las que sabían hacer cosas. Ser prostituta y buena en la cama no era una cosa. No poseía nada aparte de un montón de mal ganado dinero. Solo quedaban sus rarezas.

  Hicieron varios viajes a Madrid. Con Patri y Toñi revivieron recuerdos. Patri pensaba que en lugar de escribir un "manual" debía contar la historia de su vida. Ella dijo que lo haría en el año 2017, el año que había fijado para su metamorfosis (cuando iba a cortarse el pelo, quitarse las tetas y todo eso). De momento, quería hacer una obra que tuviera una utilidad práctica para que cualquier chica que se lo planteara pudiese acceder a esa opción.

 Al explicarles el estilo de servicios sexuales que la llevó al triunfo económico, Patri observó que no recordaba que entonces lo hubiera organizado con tanto detalle. Estrella se extrañó, porque creía haberlo hecho. Pero había pasado mucho tiempo. Patri sí recordaba algunas cosas, como que se ofrecía a los clientes como "la esclava de un rey", aunque, por ejemplo, no recordaba que ella inicialmente se dirigiera a ellos tratándolos "de usted". Admitió que, por teléfono, cuando llamaban preguntando por su oferta, sí recordaba que Estrella les hablaba "de usted", aunque lo más notable siempre era su tono de voz, delicado y sin doblez, como el de la telefonista de un hotel de lujo. Cuando contrató a Mari como telefonista le enseñó a imitar ese tono y atenerse a una serie de fórmulas preconcebidas: en poco tiempo la nueva empleada aprendió a hacerlo de forma automática y eficiente.

  Le dijo a Patri que quería reivindicarse a sí misma. Mencionó algunos sabios, psicólogos, filósofos, que apoyaban su postura. Lo que había hecho no había sido algo malo. No había sido malo para ella (¡menuda vida de desgraciada habría llevado si no hubiera ahorrado dinero de la única forma posible!). Y, en cuanto a que hubiera permitido extender las libertades y hacer retroceder los prejuicios, también habría sido algo bueno para todo el mundo.

  Patri, persona prudente, sin embargo, ante Elena, ante Toñi y ante Puri, proclamó, con una seriedad inapelable, que "Estrella es más inteligente que todas nosotras juntas" y que, en consecuencia "estaba de acuerdo en todo con ella". No había ironía en el tono de voz. Patri apelaba a un tipo de inteligencia no convencional, a una inteligencia sin duda no práctica y nada convincente, pero que ella reverenciaba porque la amistad, los años, le habrían dado la sabiduría. Patri siempre había sido un poco condescendiente con Estrella, a la vez que levemente admirativa y un tanto crítica desde su reserva que cualquier otra hubiera considerado ofensiva. Ahora, sin embargo, parecía rendirse ante ella. Pero lo hacía de una forma tan resignada que casi parecía una despedida: ¿por qué me pide consejo? 

  Ahí quedó todo. Toñi sonrió con cariño. Elena reconoció que nunca habían sido enemigas.

  Después trataron con algunas agencias de citas (proxenetas) y se pusieron en contacto con chicas que se ofrecían por Internet. Fue divertido. En una ocasión se ofreció ella misma, como espectacular mujer madura y famosa escritora en apuros por la crisis inmobiliaria. También llamaron a chicas como clientas y hablaron con ellas en esa situación altamente coactiva, muy diferente a cuando se queda en un café.

  Estas visitas a Madrid duraron hasta el verano y todo resultó bastante entretenido. Sobre todo para Puri que, al fin y al cabo, era una virgen.

  Aquel verano no viajaron y Estrella estuvo escribiendo el libro que se llamaría “Manual de la buena puta”. En ningún otro libro Puri le fue de tanta ayuda. A veces incluso recurrían al novio de Sofía que era un hombre, aunque nunca había recurrido a la prostitución. Aportaba su punto de vista masculino. Estrella, por primera vez, y gracias a las relaciones de parentesco, tenía un hombre amigo, bien rodeado de mujeres (esposa y cuñada). Era inteligente y escéptico, y muchas de sus opiniones valía la pena que se considerasen seriamente. Fue en aquella época que él se ganó finalmente su confianza.

  Puesto que el libro lo escribía en español, sin duda se trataba de un manual de orientación para las chicas españolas (o extranjeras que se prostituían en España) pero, por si acaso, y puesto que vivían en un mundo global, incluyó cosas que había conocido gracias a la carrera como prostituta de Angie, la ya prestigiosa novelista norteamericana. Entre las muchas cosas que hablaron en la época en que vivieron juntas en Los Ángeles estuvo la planificación de una organización-empresa-cooperativa de prostitutas lesbianas que hubiera podido establecerse en Nevada, en los condados donde la prostitución es legal. Hubiera necesitado mucha inversión y un control muy estricto, pero durante unas semanas les divirtió planificarlo (y a Puri le entró miedo de que se atreviesen a llevarlo a cabo). Se imaginaban un terreno eficientemente urbanizado, en condiciones idílicas, en cualquiera de los espacios disponibles en el desierto, con un equipo eficiente de seguridad a cargo de muchas "Patris" norteamericanas, con hoteles, bares, restaurantes y administración, todo manejado por mujeres, a ser posible lesbianas, y a docenas o centenares de prostitutas dulces, educadas y hábiles (todas lesbianas) que atenderían a los caballeros que llegarían constantemente del mundo entero buscando algo único a precios razonablemente altos. ¡Menuda mierda para las "señoritas feministas" (como gustaba de llamarlas), cuyos machos ahora podrían encontrar placer intenso y feminidad completa a precios competitivos!

  Por el salario mensual de un obrero no cualificado yankee, un hombre podría estar durante una hora con una chica dulce y preciosa en cuyos ojos no vería desprecio, ni indiferencia ni malicia, que le haría esto y lo otro, que lo encantaría con sus besos, que le acariciaría con palabras amables y medidas, que sería dedicada, humilde y sumisa, y que le daría un placer perfecto, concentrado y redondo. Sería el fin del romance heterosexual. El fin del matrimonio. El fin de todo. El comienzo de todo...

  Las chicas podrían acudir a subastar su virginidad a altísimos precios. Las prostitutas endurecidas harían cursos para reconducir su comportamiento erróneo. Las limpiadoras o administrativas contratadas se elegirían entre mujeres atractivas... a sabiendas de que en poco tiempo la mayoría iba a decirse que por qué no, por qué no ganar un millón de dólares en un año si estaba ahí, tan cerquita, a su alcance. Crecerían. Surgiría una franquicia... El mundo no volvería a ser el mismo.

  Pero solo puso una página de todo esto, como una anécdota fantasiosa...

  En septiembre llevaron el manuscrito a la editorial y en noviembre del 2010 ya estaba en las librerías. Llegó entonces una nueva etapa de promoción y apariciones en los medios. Enseguida consideraron que ella era un buitre más de la crisis y recibió el esperado aluvión de críticas feministas negativas y furibundas. Pero Estrella ya no esperaba nada de las feministas. Las "señoritas feministas". Ni de las lesbianas, las "del uno por ciento", como gustaba también de llamarlas. ¿Y cómo la llamaban a ella?, pues "la puta", claro está. Ya había dejado de molestarle, porque, finalmente, tenía a sus amigas, sus buenas amigas que eran personas de calidad: Laurie, Li, Angie, Hanna... Y las otras amigas, las más queridas y próximas. No estaba sola y nadie la convencería nunca de que se equivocaba. Y su madre estaba muerta.

  A primeros del año siguiente quedó claro que se trataba de su mayor éxito. El libro estaba vendiéndose y, sumando todos sus libros, ahora resultaba que Estrella Morán había resultado más o menos rentable como fenómeno editorial. Había perdido con la mayoría de sus libros, pero siempre había ingresado algo y ahora había tenido un éxito que compensaba los anteriores fracasos. Más puta que lesbiana, al final. La comunidad lésbica no la había querido como profetisa, pero como prostituta siempre había sido la mejor.

  Todo el año 2011 estuvo defendiendo su libro. Abrió un sitio web por el cual se pusieron en contacto con ella chicas que lo habían leído y que aseguraban estar usando los métodos que proponía. La mayoría no eran fraudes, y tuvo más tarde algunos encuentros con ellas. En realidad, todo aquel año aquellas entrevistas con chicas que se prostituían le resultaron entretenidas y llenas de contenido humano (social, psicológico, antropológico). Tenía edad para ser la madre de todas ellas. Incluso le proponían que se convirtiese en madame. Les explicaba que no necesitaba dinero, que ya era rica porque había ahorrado. En su libro había dedicado un capítulo entero al tema del ahorro: ser prostituta sin ahorrar no tiene sentido. Hacerlo "para salir del paso" es un error, y hacerlo para pagarse los estudios... depende de cómo se haga (con la mayor discreción posible).

  No envidiaba a sus "alumnas". La prostitución, estigmatizada o no, aunque emocionante y nada aburrida, es también una actividad cansada y triste, no exenta de riesgos, por mucho que se tomen precauciones inteligentes. Tal como ella lo veía, lo triste no era tanto que no fuese sexo con amor (no concebía el amor con hombres), sino que se trataba de utilizar el sexo de pago como forma de desahogar la triste necesidad que la mujer tenía del macho. Así se había hecho mujer. No siendo una andrófila, no una mujer que cayese en la desgracia de “amar” a los hombres (si quieres amor, cómprate un perro), sin embargo casi todas las mujeres necesitan algo de macho. Necesitan ser utilizadas, penetradas, utilizadas, folladas. Soy una mujer. Soy una mujer y necesito amor y necesito hombre, por ese orden y nunca al mismo tiempo,… ése era el mensaje, y la prostitución podía satisfacer el segundo deseo. A veces.

  Por lo demás, las chicas que conoció a raíz del libro, en realidad, no le gustaron. La mayoría eran vulgares, taimadas, agresivas, fulanescas. Las demás parecían unas infelices. Muy pocas eran realmente atractivas y en sus encuentros con ellas vivió momentos desagradables porque muchas se sintieron maltratadas debido a que Estrella no podía disimular lo poco interesantes que las encontraba.

  Quizá era ya hora de reconstruir todos sus recuerdos, de ponerlos en orden. Confundía cosas, lugares y personas. Incluso situaciones que creía recordar muy bien luego resultaba que tampoco se habían producido como a primera vista pensaba que fueron.

  Prostituta, lesbiana, escritora, intelectual, aventurera… Personaje extravagante, en todo caso. Modelo para nadie, pero quizá enseñanza para muchas…

    En abril de aquel 2011 recibió una llamada de su agente. Decía que el “manual de la buena puta” había ido tan bien que era una tontería no aprovechar la cresta de la ola para sacar el otro libro, su autobiografía. ¿Por qué esperar a 2017?

  Ciertamente, tampoco había por qué esperar. ¿Dejar algo por hacer más adelante, por temor a aburrirse? ¿Y si podía vivir tan ricamente sin hacer nada? En el fondo, temía a la vejez y tal vez hubiera de concentrarse a fondo para organizar su vida "tras los 55". Si iba a vivir una larga ancianidad (hasta los noventa o cien años) estaba claro que esa "segunda vida" no podía basarse más en sus sueños de escritora. Era mejor entonces escribirlo todo antes. Mientras más diferente fuera a ser su "segunda vida", tanto más valiosa sería como experiencia completa. No escribiría más, no más "vida pública".

  Lo consultó con Puri y dijo que de acuerdo.

  Así que antes del verano ya estaba en marcha la autobiografía, y casi enseguida encontró el título: “Vida de una puta feminista”.

  Fue una oportunidad para estrechar su amor con Puri, porque juntas, incluso con lápiz y papel, fueron organizando una cronología, asignando episodios, acontecimientos, personajes. Aunque pensaba que se lo había contado todo a su compañera del alma, resultó que faltaban cosas. Se descubrían momentos, sentimientos. Los duros primeros meses de prostituta novata siempre volvían a aparecer como causa y origen de muchas de sus emociones más persistentes. Un trauma. Y los tres años en el piso de Madrid. Y su soledad en American City. Todo lo que vino después... Veinte años de libertad... Quizá los veinte años de "Villa Orchard" no justificaron el pasado. Pero fueron veinte años felices. ¿Verdad, mi amor?... hemos sido felices... ¿no lo ves tú así?

  Y se abrazaban, sin besarse mucho, porque ya eran mujeres maduras, y Puri confirmaba que sí, que habían sido afortunadas y felices. En "Villa Orchard", la sirvienta virgen se había casado con la ama puta...

  En el mundo exterior, las esperanzas de que la crisis económica iba a mejorar desaparecieron. El gobierno que había aprobado el matrimonio gay desapareció también con las esperanzas de recuperación económica, y volvieron los conservadores porque la crisis continuaba y la gente quería probar cualquier cosa (estaban desesperados). Crisis y más crisis. Ella estaba a salvo, como siempre lo había estado gracias a su sacrificio. De hecho, aprovechó la crisis para, venciendo su natural pereza, invertir en la adquisición de más apartamentos turísticos. Los precios habían bajado y redondeó el número de propiedades. De treinta y cuatro a cincuenta. Adquirió dieciséis apartamentos (la mayoría un poco más alejados, ya no en una zona turística tan frecuentada) a precios relativamente bajos. Fueron unas cuatro operaciones, al término de las cuales se había hipotecado con mínimo riesgo. De hecho, la mitad de los pagos estarían cubiertos con la rentabilidad que sacaría a los apartamentos, porque no había tanta crisis en Inglaterra, que era de donde venían sus clientes. En diez años lo tendría todo pagado. La diferencia de ingresos apenas se notaría. Propietaria de cincuenta apartamentos. Y de una empresa que gestionaba el doble de ese número en total. Más sus otras propiedades. Y daba trabajo a siete personas. Y era profesora de inglés. Y escritora... aunque no de prestigio.

   Todo tenía sentido. Siempre tenía sentido. Y, sin embargo, lo que había hecho, aunque salvó su vida, la condenó a la infamia. La tristeza de su madre, la tristeza con la que había muerto, pese al esplendor de los árboles del "Orchard", era la prueba de ello. No era raro que a veces se sorprendiera satisfecha de tener todo su dinero, sus propiedades inmobiliarias, su seguridad económica, su vida ociosa. Y bien: tengo todo esto. Si hubiera sido "buena" no habría tenido nada. Una vida desgraciada como la de su madre. La sociedad fue injusta con ella, condenándola, siendo una chica buena, a la pobreza y la humillación del fracaso en los estudios del cual no tenía ninguna culpa (los psicólogos psicometristas lo habían confirmado: su cerebro solo funcionaba de cierta manera, su fracaso académico era inevitable). La habían arrinconado. Reaccionó bien. Fuera por casualidad, por desesperación o por sus propias flaquezas en la vida social, al final lo consiguió: ganó dinero, estatus social, experiencias únicas y el lesbianismo. Ganó. Ahora había crisis, y ella estaba a salvo e incluso especulando a su favor. Ganó. Qué alivio. Por eso el dinero es tan importante.

  En el sitio web seguían las consultas y los insultos. En Málaga acudió a algunos actos sobre el libro en el que enseñaba a las jóvenes cómo prostituirse, que llevaba ya cien mil ejemplares vendidos. La mayoría de los compradores eran tipos que querían pasar el rato, excitarse con los detalles picantes, que no faltaban, quizá precisamente por el tono serio con el que estaba escrito todo La misma técnica que ella utilizó para hacerse rica entonces. Una chica tan seria y tan educada, tan humilde, servil y, a la vez, culta y sensible. Una combinación única. Pudo haber hecho mucho más dinero del que hizo.

  Con el novio siguió acudiendo a conocer los “clubs de lectura” de la ciudad. Eran cosas bastante tontas, para gente de barrio, muchas mujeres ociosas con gustos tipo Isabel Allende, pero le permitía hablar y hablar. No se peleaban con ella como las feministas y resultaba fácil impresionarles. Además, le servían para calibrar cómo se aceptaría el libro de su vida.

  Durante el verano se fue a hacer una gira europea. Reencontró viejas amistades, que le parecieron increíblemente envejecidas. Conoció a algunas personas jóvenes y Puri y ella apenas tuvieron sexo con nadie más. En realidad, fue un viaje muy turístico. De ver monumentos, museos. En Londres invitaron a la hermana y se reencontraron con Li, que no había olvidado el español. Tres o cinco mujeres de mediana edad paseando y charlando y chismorreando por la gran ciudad llena de turistas. Su belleza ya no llamaba la atención. Atraía a hombres de edad, y a los tipos que están dispuestos a todo. Era una elegante mujer madura. Pero solo eso. Y no lo sería durante mucho tiempo más. Le esperaba la ancianidad, la segunda vida.

  En septiembre le pidió a Puri que le dejara ir sola a ver a Angie. A Puri no le gustó, pero lo aceptó. Era la primera vez que la excluía deliberadamente.

  Angie estaba en el Medio Oeste, en el campo, un lugar muy bonito. Allí vivía con su novia jovencita. Estaba muy guapa, pero ya no se notaba tanta diferencia de edad entre ellas. Hacía casi veinte años que se habían conocido.

  Estuvieron paseando solas por un bosque y entonces tuvieron una charla profunda. Stella se daba cuenta de que Angie había sido la mujer de su vida. Que podía haberlo sido. Angie admitió que nadie le había influido tanto como ella. Pero tal vez, si se hubiera quedado con Angie, hubiera acabado decepcionándola...

  Cuando se despidieron, las dos concluyeron que la vida incluye equivocaciones, y que no hay que amargarse por ello. Ya era tarde para las dos, pero bueno era haberlo sabido. Y no eran desgraciadas.

  A su regreso a Málaga se lo contó a Puri, que por primera vez lloró y rabió, a pesar de que Estrella le aseguró -y de su franqueza no se podía dudar- que deliberadamente había excluido tener relaciones sexuales con Angie. El malhumor les duró hasta Navidad, y aunque no llegaron a discutir, les llevó tiempo madurar aquellos sentimientos nuevos. Las hermanas respectivas no pudieron entender lo que pasaba. Hubo una cosa buena que salió de ello: los emails que intercambiaba con Angie cobraron entonces un valor especial. Angie ya no era solo una de sus grandes amigas, como Laurie y Hanna. Ahora Angie era su gran amor, su alma gemela. No le ocultaba nada a Puri, y la esposa comprendió que estaba satisfecha con que, al fin y al cabo, era con ella con la que su esposa se acostaba. De hecho, a punto de cumplir los cincuenta, Estrella ya no tenía mucho interés en las experiencias sexuales. El apetito no le había desaparecido pero la cosa se limitaba a que se masturbaban juntas (la una a la otra). Todos los días. Antes se bañaban y después hacían el amor. Ahora se masturbaban la una a la otra y se duchaban después.

  Pero con Angie había alcanzado la intimidad final. Espiritual. Platónica, si se quería. Angie era la auténtica novelista. Y era inteligente y valiente. No tenía cosas raras en el cerebro, como lo que fuese que había hecho fracasar a Estrella en los estudios. Angie era normal. Era una mujer buena, inteligente, valiente y normal. Puri leía a veces aquellos emails, si bien no dominaba mucho el inglés escrito: Estrella se los traducía. Puri se conformaba con ser la esposa y con que Estrella le fuese fiel. Aceptaba su inferioridad intelectual o artística o lo que fuese. Al fin y al cabo, Estrella también había aceptado su relativo fracaso como escritora. El relativo fracaso de su cerebro. Pobre sororidad: de haber sido Estrella más intelectualmente perfecta, habría salvado a muchas, a todas. A la humanidad entera. Hubiera sido la primera profetisa, la primera mesías femenina. Angie quizá llegara a ganar el Pulitzer, pero nunca habría podido hacerlo. Tal vez una combinación genética futura permitiera la aparición de aquella mujer que ni Angie ni Estrella habían podido llegar a ser.

  Aquellos meses de primeros del 2012 siguió dedicándolos a escribir la autobiografía de Estrella: “Vida de una puta feminista”. Aprovechó para hacerse una nueva operación. Tras él, su rostro pareció un poco diferente, pero los ojos no cambiaron. Gracias a aquel retoque, la distancia que suponía la edad entre las dos esposas se acortó. Tampoco le toleraba mucho a la otra que se descuidara.

  Puri no dejaba de hacerle preguntas para conocer con detalle los años anteriores. Sobre todo el periodo de su caída en el fango, de mayo de 1983 a junio de 1986. Estrella había perdido algunos de sus diarios, de sus antiguas cartas. Algunos acontecimientos no los recordaba bien. Qué fue antes y qué fue después.

  Para su cumpleaños, el libro estaba listo, y para noviembre de 2012, cuando todavía se estaba vendiendo el “Manual de la buena puta”, salió a las librerías la otra puta, la "feminista". Se vendió bien, pero no tan bien como el manual. Era más divertido, más literariamente exigente y los críticos opinaron de forma desigual. Pero todos admitieron el libro como “libro”: entró dentro de la literatura, ocupó su lugar.

  Ahora ya se sabía todo. Esta vez, sin embargo, no fue a las teles. Concedió alguna entrevista si se la pidieron, sobre todo a la prensa de papel, pero estaba harta de la tele, de las discusiones, el griterío.

  Cuando llegó el año 2013 le apeteció llevarse a Puri al invierno norteamericano. Estuvieron de nuevo con Angie, que había fracasado con su última novela. Puree se sintió cómoda por ese fracaso. Angie siempre era buena y humilde con ella, pero en esta ocasión no se trataba de una consecuencia de su grandeza (o santidad) sino de su perceptible abatimiento. A Stella le gustó mostrarse cariñosa con las dos. Hasta durmieron juntas las tres, aunque no hicieron nada sexualmente. Las dos eran buenas. La sororidad existió de nuevo en aquel momento.

  Suponía que ya solo le quedaba terminar de vivir, y terminar bien. Casi tenía ganas de que llegara el año 2017, sus 55 años, y cortarse el pelo y todo el ritual que había ideado. Igual podía escribir algo sobre eso. Le quedaban unos cuantos años de madurez activa. Todavía recibía amistades e incluso hacía amistades nuevas. Ya no contendía por alcanzar la excelencia de profetisa o escritora. Incluso le divertía ser honrada por personas sencillas que la respetaban simplemente porque había publicado unos cuantos libros. O, simplemente, porque era rica y todavía era bella.

  Como entretenimiento, se puso aquel año a escribir las fantasías que nunca se atrevió a hacer. La gente no solía creer que ella fuese tímida y timorata. Pero era verdad. Nunca o casi nunca había ligado. Nunca se había lanzado a por una de las muchachitas inocentes que habían simpatizado con ella durante sus viajes. Así que fantaseó con esas cosas, con haber sido una especie de vampiresa o reina de las hadas.

  Algo de eso salía en la novela de Angie (lo había sugerido Estrella). Lo de tener esclavas. Le hubiera encantado. Puri le dijo que ella hubiera aceptado ser su esclava, pero Estrella nunca se atrevió a pedírselo. Incluso hubiera podido retener a Guenia mostrándose más dominante. Le dio demasiada libertad y se escapó. Lo último que supo de ella es que se había perdido en Alemania o más lejos, divorciándose también del primo que se la había quitado.

  Quizá por eso no había funcionado lo de la sororidad. Las mujeres, en el fondo, gustan de ser dominadas. Brutalizadas por el macho, sí, pero, además, ser dominadas… por hombre o por mujer.

  Le había dado demasiadas vueltas a todo eso. Lo que escribía ahora no iba a publicarse nunca. Al menos, le seguía mandando ideas a Angie.

  Durante el verano del 2013 volvieron a viajar. El verano anterior se habían quedado por casa. Esta vez fueron un montón en el viaje. Se llevó a la hermana, a la otra hermana y al novio (éste solo un mes, porque tenía que cuidar del negocio). Fueron a América del Sur, a Argentina, donde estaba comenzando la primavera. Después viajaron a Norteamérica otra vez. Otra visita a Angie, y regreso. Y entonces surgió un último proyecto.

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